Obstáculos ciudadanos

Santiago Armijos Valdivieso

Ser parte de un Estado Constitucional de Derechos implica el cumplimiento de deberes ciudadanos. Frente a ello, muchos tratamos de hacerlo puntual y responsablemente, en estricta atención a las leyes y a los reglamentos.

Penosamente, para cumplirlo en el Ecuador; esto es un camino lento, tortuoso, indignante y porqué no decirlo, disparatado. Pongámoslo en perspectiva y demos ejemplos de lo dicho. 

Al iniciar el año debemos pagar tributos municipales como impuesto predial urbano, pago de patentes, etc.; y, para hacerlo, tenemos que pasar por insoportables filas de espera, empujones, aglomeraciones. Todo por cumplir con la ley y dejarle dinero al municipio para que cumpla con sus tareas de servicio.

Anualmente, también estamos obligados a matricular el automotor en las unidades de tránsito, previa revisión técnica; lo cual también es un problema. Turnos escasos, interminables esperas, excesivo papeleo burocrático y peregrinación a varias oficinas de recaudación para pagar los valores relacionados con el enojoso asunto.

Si es de sacar una cédula de ciudadanía o un pasaporte en el temible Registro Civil; el asunto se pone peor; pues, para mendigar un turno de atención hay que tomar litros de paciencia, estoicismo y resignación. Caso contrario el “colosal” favor de expedirnos un documento de identificación no llegaría nunca, condenándosenos a una especie de exilio social en nuestra propia tierra.

En definitiva, vivimos en un país en el que hay que suplicarle al estado para que nos haga la fineza de recibir el pago de los impuestos; rogarle para que nos haga el inconmensurable favor de otorgarnos un documento de identidad; rezarle para que nos favorezca con la emisión de un pasaporte; implorarle para que nos apostille algún documento para utilizarlo en el exterior; e, invocarle el inmenso favor de la matriculación vehicular.

Por supuesto, todo esto, a vista y paciencia de las autoridades que se han sucedido en el poder; quienes, o no quieren o no saben cómo atender adecuadamente estos elementales servicios para el ciudadano.  

¿Será tan difícil hacerlo? -no digo solucionar completamente-. No lo creo. Simplemente todo esto mejorará cuando las instituciones públicas se reconcilien con la planificación, el orden, la eficiencia, el sentido común, y la proyección de necesidades ciudadanas en relación con el crecimiento poblacional.

Para ello, tanto el Gobierno Central como los gobiernos municipales deberían realizar o actualizar estudios técnicos precisos para determinar el número de usuarios y los recursos necesarios para atenderlos. Hecho esto, deberían priorizar en sus presupuestos los gastos necesarios para una atención aceptable.

Otra opción, sería que el gobierno se apoye en consultores privados, expertos en procedimientos y procedimientos de atención, para que le señalen el camino de cómo hacerlo.

No hay duda de que habrá otras opciones, pero lo primero es que la administración central y la seccional acepte que existe el problema y que no ha podido ser solucionado por mucho tiempo.

Desde esta tribuna apelo a la sensibilidad de las autoridades para que den una pronta solución a esta tormentosa realidad ciudadana.