En ocasiones uno encuentra lo que no estaba buscando y se hace un descubrimiento inesperado que se transforma en un punto de quiebre, marcando un antes y un después. Alexander Fleming, profesor de bacteriología de la Universidad de Londres, al regresar de sus vacaciones en 1928, observó que sus cultivos de microorganismos patógenos habían sido accidentalmente contaminados por un hongo. Las colonias de microorganismos que rodeaban al hongo habían sido destruidas, mientras que otras colonias más lejanas estaban intactas. El moho producía una sustancia que mataba a varias bacterias causantes de enfermedades, dicha sustancia se denominaría luego penicilina.
Aunque este descubrimiento fue accidental, es innegable la gran capacidad de observación y análisis de este médico escocés. Al estar centrado en la búsqueda de una cura para infecciones letales en aquella época, pudo reconocer la importancia de lo que observaba; quizá alguien distraído y con menos conocimiento hubiese pasado por alto este descubrimiento y nuestro mundo hubiese sido muy diferente.
¿Cuántas oportunidades han pasado delante de sus ojos sin que siquiera se percate de ellas? ¿Está centrado en un objetivo claro o es de los que se distraen con facilidad? ¿Sus decisiones están basadas en el conocimiento? El apóstol Pablo nos da un buen consejo: “todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de reconocimiento, en esto ocupen su mente” (Filipenses 4) y es que el poder de los pensamientos es innegable, interfieren en nuestro estado de ánimo, en nuestra salud y en nuestros sentimientos.
Los pensamientos equivocados darán frutos poco deseables: “cada uno es tentado cuando sus propios malos deseos lo arrastran y seducen. Luego, cuando el deseo ha concebido, engendra el pecado; y el pecado, una vez que ha sido consumado, da a luz la muerte” (Santiago 1). Una mente ocupada en cosas valiosas, por su parte dará buenos frutos y que mejor centrarse en lo que el Señor tiene para nuestras vidas: “Nunca dejes de leer el libro de la Ley; estúdialo de día y de noche, y ponlo en práctica, para que tengas éxito en todo lo que hagas” (Josué 1).
Oportunidades se presentarán, ¿podrá reconocerlas?, decisiones se tomarán ¿las tomará con sabiduría? Solo una mente bien entrenada, guiada por el Santo Espíritu de Dios, discernirá correctamente.
