El juego de la rayuela

P. MILKO RENÉ TORRES ORDÓÑEZ

Comparto ahora mi experiencia del encuentro con una de las obras más significativas de Julio Cortázar: “La Rayuela”. Al tiempo de confesar que es la primera vez que disfruto de este libro, no me apena decirlo, también tengo cuestionamientos.

En cuanto a su origen, es conocido por muchos que el juego de la rayuela tuvo su desarrollo en Europa, en la época del Renacimiento. La temática se fundamenta en “La Divina Comedia”, de Dante Alighieri. El protagonista, al salir del Purgatorio para llegar al Paraíso, tiene que atravesar nueve mundos para lograrlo. La dinámica del juego consiste en lanzar desde una distancia de 14 metros un tejo metálico circular de poco más de un kilo de peso sobre una caja inclinada de 1 x 1 metro, rellena con arcilla. Este receptáculo está dividido por la mitad por una línea trazada con tiza o una lienza tensada dispuesta a lo ancho de la cancha. ¿Qué se planteó Julio Cortázar? Buscar y compartir el humor en una simbiosis de varios elementos que son parte de la vida: la nostalgia y la profundidad de la vida cotidiana que surge del deseo de la búsqueda de salir de un lugar de paso obligado de purificación para alcanzar un verdadero cielo. El tránsito de la tierra al cielo. El mensaje de esta novela, catalogada por muchos, como surrealista, no difiere en mucho de lo que nos sucede. Al igual que al protagonista del “Peregrino Ruso”, una autobiografía que narra el itinerario físico y espiritual de un peregrino anónimo que quiere alcanzar el conocimiento de la oración interior continua.

El camino a la oración interior es el método para acostumbrar al espíritu al recogimiento, y dar lugar a que se encienda en el espíritu la llama de la verdadera oración y del verdadero amor como camino hacia Dios, el hombre de este tiempo busca su liberación interior, a través de muchas alternativas que esta época, con la complicidad de las redes sociales. En el juego de la vida, la rayuela, como una novela de risas y lágrimas, prevalece el humor, visto de distintos perfiles. Sin embargo, la ausencia de Dios, creada por la filosofía del mismo hombre, tiene un límite. Tengo claro que el ser humano, aunque piense y crea, no puede negar la existencia de un ser superior, del Creador de todo cuanto existe. El “Paraíso”, como lo tipifica el autor de la “Divina Comedia”, no es el lugar en el que el hombre huye de los dolores y males de este mundo, sino el encuentro con la plenitud, con su auténtica felicidad.

La vida espiritual, caracterizada por el peregrino de la Rusia del siglo XIX, con la búsqueda de un diálogo profundo con quien sabemos que nos ama, constituye la piedra angular en este juego. La Pandemia y todas sus consecuencias no debe cerrarnos las puertas para llegar al fin último de toda persona. Que no nos traicione la ausencia de la alegría de vivir. Como hermanos vivamos la fraternidad en todo lo que hacemos y tenemos. Todo cuestionamiento existencial alimenta un sano proyecto de vida. Estamos llamados a fortalecer la civilización del amor.