Asamblea eclesial de América Latina y El Caribe

Luis Pineda

En la ciudad de México, se realizó la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe, del 21 al 28 de noviembre de 2021.

El Padre Pedro Pierre nos resume los resultados de la asamblea:

“El gran logro de esta Asamblea es de haber confirmado el camino sinodal de la Iglesia, declarando que “la sinodalidad pertenece a la esencia de la Iglesia”. Esta sinodalidad existe ya en diversos espacios y nos invita a multiplicarlos. La Asamblea tuvo sus falencias que fueron señalados por los mismos asambleístas: las 2/3ª partes de los participantes eran varones como también los obispos, sacerdotes y religiosos/as, los jóvenes llegando sólo al 8%; el trabajo de secretaría no siempre recogía el sentir y los aportes de los participantes; se denunció el miedo y el ‘freno’ que representaban estas 2/3ª partes de clérigos parte para enfrentar los desafíos y los necesarios cambios estructurales.

Con todo esta primera Asamblea abrió dos caminos decisivos: Un camino de conversión y otro de confirmación. El primer camino de conversión es para la institución católica. Esta tiene que sustituir su carácter clerical por el eclesial. Tiene que ser “una Iglesia en salida” hacia su misión bautismal, o sea, volver a reconocer y dar a los bautizados los derechos y las responsabilidades que les corresponden, en particular a las mujeres, los jóvenes, los indígenas y los afrodescendientes. Tiene que despojarse de su poder jerárquico poniéndose al servicio del Pueblo de Dios que es el verdadero encargado de la misión de Jesús. Insiste en que ir al encuentro de Jesucristo como discípulos de él y convertirse en misioneros del Reino es convertirse a los pobres, a su causa y a su camino. Allí está la actualización de la verdadera opción por los pobres que hizo el mismo Jesús de Nazaret. Actualmente los grandes protagonistas de esta sinodalidad son las Comunidades Eclesiales de Base (CEBs).

El segundo camino que abre la Asamblea Eclesial es confirmar y ampliar las vivencias sinodales de las Comunidades Eclesiales de Base y grupos afines que nacieron antes del Concilio Vaticano 2°, fueron señaladas por él mismo Concilio como un “signo de los tiempos”, es decir, obra del Espíritu Santo. Estas CEBs son la Iglesia de los Pobres soñada por el papa Juan 23. Fueron ‘bautizadas’ la Conferencia Episcopal de Medellín en 1968 como “primer y fundamental núcleo eclesial”, luego ‘confirmadas’ en la Conferencia de Puebla en 1979. La Conferencia de Aparecida en 2007, al afirmar que “la Iglesia necesita un fuerte remezón”, vuelve a asumirlas como “célula inicial de estructuración eclesial, focos de fe, de evangelización y transformación social” porque “retoman la experiencia de las primeras Comunidades cristianas”. Por todo eso esta primera Asamblea Eclesial de México insiste en sus conclusiones a “promover más decididamente las comunidades eclesiales de base y pequeñas comunidades como una experiencia de Iglesia sinodal”.

La Asamblea Eclesial abre una nueva etapa en la renovación de la Iglesia hacia más democracia y equidad. Si estamos seguros que “los cambios vienen de abajo”, confirmémonos los cristianos en el camino abierto por los pobres en la Comunidades Eclesiales de Base y grupos afines para ser “la Buena Nueva del nuevo milenio” … Buena Nueva de una Iglesia al servicio de la construcción efectiva de un mundo más justo y fraterno.”