Solidaridad de todos los días

Campos Ortega Romero

La cooperación, palabra hermosa: proviene del sinergoi paulino: “Somos cooperadores de Dios en esta tarea todavía no terminada de la creación”. Cooperadores en la alegría para establecer el Reino.  Hace 2600 años le preguntaron a Confucio qué cabría hacer en el condado de Wu donde la corrupción, la miseria y la injusticia habían destrozado la convivencia. Y el sabio respondió: “la primera cosa sería restablecer el sentido prístino de las palabras”.  La reflexión, a propósito de la fiesta navideña que se avecina, que debe constituirse en noche buena, noche de paz.

Las palabras tienen su fuerza, pueden ser dinámicas y eficaces. La cooperación  es una palabra fuerte: co-operación con participación activa y responsable en la creación todavía inédita de la realidad. El mundo será lo que hagamos con él. La realidad no tiene leyes. Poner leyes sobre la realidad es poner algo por encima de la realidad. Y la realidad no es pesimista es,  sencillamente la realidad de las cosas, lo que es, como es, como tiene que ser, necesariamente. La piedra del camino es tan hermosa como una flor, solo que la piedra le gana definitivamente porque es más dura infinitamente más que la flor. Por eso debe ser que la belleza transitoria nos da rabia, nos duele, nos enferma, porque es un artificio, como un mal amor, un falso color, una ropa mal teñida, un cheque sin fondos, una ilusión pasajera. Como aquello de feliz navidad, feliz noche de paz, y para complementar la ilusión y nube rosada, próspero año nuevo. Y después, al otro día, lo mismo del ayer: la piedra opresora y la frágil rosa sobreviviendo.

Por estos días escucharemos voces que se alzan y claman solidaridad con las clases más desposeídas y vulnerables de nuestra sociedad, donde nos recuerdan que todos, absolutamente, todos debemos cooperar para llevar un poco de felicidad, para los niños olvidados, para los niños pobres, para los niños de la calle y del cordón fronterizo, para los hombres y mujeres sin voz y sin rostro de nuestra ciudad y provincia. Para llegar –aunque sea con una fundita de caramelos, uno que otro juguete- y así celebrar la navidad. De no hacerlo, somos insensibles y egoístas.

Elevamos nuestra voz a los cuatro vientos, para denunciar que sí; que, estamos con la solidaridad humana, con la solidaridad activa y no pasiva, con aquella solidaridad sin olvido, con la solidaridad no -solo de un día-  porque la mentalidad de los hombres suele ser frágil, la de las lojanas y lojanos también, pero además las reacciones de solidaridad y amor por estos días suelen ser de un sólo hervor de alcanfor, como dirían nuestras abuelitas en su lenguaje expresivo y tan lleno de significados, por ello le apostamos a la solidaridad de todos los días.

Reconocemos que en la mentalidad de las lojanas y lojanos hay una gran capacidad de reacción solidaria y de rebelión, pero suele apagarse a los pocos días, sumiéndonos nuevamente en la indiferencia y, más grave aún, en la resignación, como si la vida nunca pudiera ser modificada por las decisiones colectivas. Ello, en el plano más profundo implica un derrotismo frente a un aparente destino inamovible, lo cual nos sigue convirtiendo en víctimas  y no en actores de los sucesos. Acciones que nos impiden tener un país, una sociedad y una forma de vida superior, los cuales merecemos y podemos edificar.

 Por ello nuestras oraciones de manos juntas que en esta fiesta de navidad, y noche buena, además de ello se constituya y de hecho que sí en fecha de reflexión, para que todos los ecuatorianos, lojanos, hagamos obligación nuestra encontrar las formas y estrategias para romper esa repetición absurda de nuestras equivocaciones y derrotas sociales, para convertirlas en valores que proclamen la libertad y los derechos fundamentales de todo hombre y de todos los pueblos. Y así a pulmón lleno y con el abrazo ancho y solidario manifestar feliz navidad, noche de paz y amor. Así sea.