Acuerdos de gobernabilidad

Benjamín Pinza Suárez

El Ecuador está viviendo una situación muy preocupante. Cada día nos levantamos con noticias realmente escalofriantes donde la violencia de todo género está a la orden del día.

Estos problemas, por lo regular, se dan en países en donde la estructura jurídica, carcelaria y policial son débiles y en donde la pobreza, la extrema pobreza y la carencia de fuentes de trabajo son manifiestas. Precisamente, los países que tienen estas debilidades son el mejor escenario para que surjan las crisis humanitarias, las redes criminales, el terrorismo y más.

Esto nos recuerda lo que la Fundación Center for Global Development con sede en Washington lo sostenía hace veinte años atrás en su informe respecto a los países que enfrentan estos males sociales. Dicho informe señala: hay un hilo común en todos estos países: gobiernos que carecen de capacidad, y de voluntad política para responder a las necesidades de sus pueblos. El informe identifica ciertas fisuras que se presentan cuando un Estado ha pasado de tener apuros normales a una situación de debilidad crónica. Uno de esos problemas es la seguridad social que se produce cuando el Estado no consigue controlar su territorio y proteger a sus ciudadanos. La otra fisura es la falta de capacidad del Estado  para afrontar con urgencia las necesidades básicas de la población, como lo son: la salud, la educación, desempleo y el dinamismo productivo; y, un tercer aspecto es la legitimidad: cuando se falla a la hora de mantener las instituciones que protegen los derechos y libertades básicas de sus ciudadanos.

La ausencia de legitimidad, dice el Center for Global Development, deja una puerta abierta a la corrupción y a la oposición política y… la falta de capacidad, hace que los países sean vulnerables a epidemias y a otras crisis humanitarias.

Lo cierto es que la fuerte crisis económico y social que estamos viviendo se ve reflejada en la crisis carcelaria, en el sistema de salud y educación, en la producción y exportación, en los escándalos de corrupción y en  los propios poderes del Estado, escándalos que levantan la tensión política y social. Hay ciertas crisis que son soportables, pero la que estamos viviendo es muy preocupante. Y estas crisis no se resuelven solamente con asistencia financiera, sino, sobre todo con una actitud cívica y patriótica donde debe reinar un gran compromiso social y político que involucre a las élites económicas que son parte de estos problemas y que tienen el deber moral de ayudar a dar las mejores soluciones; también, debe haber el compromiso patriótico de los sectores políticos,  los gremios de empresarios y de los dirigentes sociales y sindicales. Esas graves fisuras del Estado ecuatoriano solo pueden curarse si el gobierno, con voluntad y sentido de país, impulsa un consenso de gobernabilidad urgente, real, efectiva y a largo plazo.