¡Agradecer!

Ruy Fernando Hidalgo Montaño 

Para empezar, debo aclarar que con esta reflexión que los invito a hacer juntos no pretendo insinuar ni de la manera más leve que, nunca he sido ingrato con nadie, de hecho, ahora mismo desfilan por mi mente muchas personas con las que fui y sin duda, aún soy tremenda e injustamente ingrato. Pues es la esencia de los seres humanos, que fuimos capaces de condenar a muerte y no agradecer un ser, que llegó a la tierra a predicar y practicar, amor, perdón, y la promesa de vida eterna después de nuestra extinción aquí ¿Cómo vamos a ser distintos nosotros, a la gente de aquella época simples y silvestres como la gente de la actualidad?

Sin embargo, sin ninguna pretensión de querer cambiar el mundo, lo que sería iluso de mi parte, yo solo quiero proponer desde mi modesto criterio, ahora que se aproxima el cumpleaños de Jesús y claro, a los que comparten mi fe en é. Tomarnos un tiempo para agradecer por el prodigioso milagro de seguir vivos, al menos hasta el momento en que, escribo esto para ustedes, en demasiadas ocasiones tomamos el don de despertar a un día nuevo como algo normal, cuando en realidad es un hecho extraordinario, desde que abres tus ojos y sientes como se activan todos tus sentidos muestra fehaciente de que tenemos una nueva oportunidad para ser mejores, y hacer lo que no hicimos ayer. Agradecer por estar y tener a seres que te hacen compañía, con broncas y diferencias, con ternura y coincidencias, las unas y las otras nos permiten continuar en este proceso de constante aprendizaje que es el vivir

Como les decía al empezar, a mí se me pasó muchas veces el autobús del percatarme a tiempo, de los seres y cosas que por tenerlas a mano no las valoré en su real dimensión, seguramente me seguirá pasando mientras viva. Pero hay que aprovechar al máximo, los escasos momentos de lucidez que tenemos, para agradecer por tantas cosas realizadas, tantos instantes vividos, personas que no te olvidaron pese al tiempo que pasó, otras que se acercaron para ayudarte, aquellos que no te abandonaron con tus fallas, otros que te escucharon, todos los que te entendieron

Sería fabuloso si al nacer nos pusieran una fecha de caducidad como con los productos, pero no es así, por otra parte, ese misterio que encierra el existir, también es espléndido, con la primera opción, sabríamos con exactitud la fecha de partir, y eso nos mejoraría, o perderíamos el control. Mejor que se queden las cosas como están, como las ideó el ser supremo.

Entre tanto, con el corazón y la sinceridad del más humilde de tus siervos, te agradezco por todo lo que me has dado hasta hoy, mañana solo tú sabrás, me fío completamente de ti