Un año menos y un año más

Benjamín Pinza Suárez

Un año menos que se nos va y un año más  que suma al calendario de nuestra existencia. Así es la vida, una permanente lucha de contrarios. Se necesita caer para aprender a levantarse, experimentar cicatrices para saborear la dulzura, soportar los fracasos para conocer los triunfos; pero a pesar de todo,  la vida y las etapas que atraviesa el ser humano son hermosas y hay que disfrutarlas con encanto y a plenitud, porque son irrepetibles. Es suficiente con recordar que fuimos niños: traviesos, curiosos, amigos del grito y del berrinche y, acérrimos enemigos de los regaños y del chicote; pero, ante y sobre todo, alegres, inquietos  y felices. Y no se diga de esa otra etapa maravillosa que es la juventud llena de energía y rebeldías, de sueños desafiantes, de actitudes audaces para romper normas y constituirse en prototipos de nuevos códigos. Luego viene el tiempo en donde el caminar se vuelve más pausado. Aparece la madurez y con ello, una mejor forma de apreciar el escenario de la vida y… llega inadvertida, serena, pero llega para quedarse hasta el final de la cuesta. Aquí es cuando surgen nuevas preocupaciones que revolotean en torno a los hijos, a los nietos y a los fervientes anhelos por verlos crecer, caminar y triunfar, revestidos de  principios y valores. Es una etapa en que la bohemia se vuelve sobria y reflexiva acompañada de una agradable tertulia, de un buen vino y de una buena canción, porque al fin y al cabo, la música es el vino blanco que rompe la copa del silencio.

Más tarde llegamos a la recta final, al último tramo, pero… mal que bien, llegamos sin perder el entusiasmo, sabiendo lo que fuimos y lo que somos, convencidos que  la comprensión y el amor no pueden faltar para que la soledad no nos sorprenda al declinar el día. Lo importante es que la salud siga siendo nuestra fiel compañera, que la memoria nos siga dando el privilegio de recordar el ayer y el hoy, que el oído siga receptando con pureza la sinfonía de la naturaleza y que la mirada continúe siendo la maravillosa lámpara que guíe nuestro sendero. El tiempo pasa y se nos va la vida y lo que pasa, nunca volverá. Decía Shakespeare que “El tiempo es algo que no vuelve atrás, por lo tanto, planta un jardín y adorna tu alma en vez de  esperar  que alguien te traiga flores”.

Nuestros ansiados deseos porque cada día seamos mejores padres, mejores hijos, mejores ciudadanos; que aprendamos a valorar lo más importante que tenemos en la vida: nuestra familia y nuestros amigos. Nunca es tarde para intentar una nueva jornada, una nueva meta y un nuevo desafío. El secreto  de la existencia no consiste solamente en vivir, sino en saber para qué se vive. Ser feliz es vivir apasionados por la vida, con aciertos y con errores. La mejor persona no es quien ve todos los días los errores de los demás, sino quien corrige primero los suyos. Las inclemencias del tiempo no se las enfrenta con temores sino con convicciones. Sentirse feliz no es tener caminos fáciles, sino resistir a la miseria humana apostándole al perdón, ganándole la batalla a las derrotas, flagelando el temor para poder desembocar  en el lienzo azul de las auroras. En fin, sentirnos felices no es  complacerse del éxito sin haber paladeado la amarga hiel de la deslealtad y la traición.

Nuestros mejores anhelos porque a todos nos vaya bien en este nuevo año. Gracias a quienes- a través de este medio- comparten nuestras reflexiones; gracias a todos quienes son persistentes y luchan con denuedo por alcanzar lo que más quieren y dejan con sus acciones huellas profundas en el surco del sendero.