Feliz día del abogado

Sandra Beatriz Ludeña

Esta no es una felicitación cualquiera, es ciertamente especial.  No hay aquí una palmadita en el hombro, ni adulación alguna; no claro que no.  En estos tiempos de ansiedad y agotamiento, de problemas cada vez más complejos, por falta de comprensión entre humanos, no es raro que nos hayamos resignado a vivir en constante riesgo.

Un profesional del Derecho decía: “En un mundo lleno de embauques, trampas, falsas apariencias, corrupción, intereses creados; una persona que ignore cómo vivir en esos entornos, que no comprenda ese mundo, que no sepa qué derechos le asisten, cómo reaccionar ante determinadas situaciones o simplemente a quién acudir para que le ayude, asume un gran riesgo”.

Es entonces el profesional de la abogacía cada vez más necesario, pues, tal como reza la siguiente máxima: “Sin abogados no hay leyes, sin leyes no hay derecho, sin derecho no hay justicia, sin justicia no hay nada”.  El abogado tiene una visión más amplia del mundo, ve razones que no están inscritas en ningún texto, es un descifrador de códigos ocultos, un intérprete, un pensador que genera ideas, que estudia las leyes y los aconteceres para llegar a la verdad y la justicia. 

Por experiencia en cabeza propia, soy consciente que las situaciones especiales del ayer, hoy son comunes.  Como persona de bien, me he horrorizado por palpar la conculcación de derechos, la arbitrariedad y los abusos del poder, la utilización de la ley para discriminar, atropellar y condenar a la precariedad al otro, al más desvalido, generando injusticia.  Y puedo afirmar que vivimos en un mundo lleno de ambivalencias y consecuencias, que se reproduce indefinidamente y que no acaba de ser plenamente dilucidado. 

En estas instancias, el abogado es esperanza, llamado a trabajar con ética para ayudar a reconciliar la sociedad con la justicia, es el sentido humano que descifra la realidad, sale a la búsqueda de razones, de evidencias que permitan demostrar esa verdad, y lucha por una sociedad más justa, donde se respete la dignidad humana.

Mas, el abogado puede caminar por senderos oscuros, en los cuales, fácilmente se confunde lo injusto con justo, donde delinquir o incitar a lo fraudulento podría verse como un acto de justicia.  En un país sin mayores oportunidades, a las personas justas se les opone todo, mientras que los más astutos gozan, con uso de influencias y trampas, en una sociedad cada vez más desigual.

Ciertamente, es imprescindible abogados justos, practicantes de ética, con humanismo, con valores, quienes, por nada del mundo defrauden la confianza de la sociedad.  Abogados conscientes, que no ejecuten revanchas personales, que no se dejen manipular, que luchen por la verdad.  Para los abogados que asuman el reto, feliz día.