El baúl de los recuerdos: Baños Venecia y otras crónicas

Efraín Borrero E.

En la vida de Julia Victoria Eguiguren Burneo, nacida en Loja en 1922 y fallecida el 14 de noviembre de 2017, hay una historia deportiva que debe perdurar en la memoria de los lojanos. Desde muy joven hizo gala de sus aptitudes por la natación, pero la falta de infraestructura para la práctica de ese deporte en la ciudad de Loja no le permitió desarrollarse como era su aspiración.

Tenía ilusión de llegar a la alta competición para representar a Loja. Sus padres: Joaquín Sebastián Eguiguren Burneo y Carmen Burneo, comprendiendo el interés de superación de la joven hija, le brindaron el apoyo necesario y la enviaron a Argentina a fin de que pueda perfeccionarse en un centro especializado. En la tierra de los gauchos, del chamamé, del tango y la milonga, Julia Victoria, correspondiendo al cariñoso apoyo de sus padres se entregó por entero a la práctica deportiva guiada por reconocidos instructores.Imbuida de sus convicciones y anhelos logró el propósito, pero sus expectativas fueron más allá ya que se desempeñó como profesora de natación, actividad a la que se dedicó por algún tiempo.Su padre, que epistolarmente sabía de sus éxitos en esa tierra lejana, y deseoso de tenerla a su lado, le manifestó en una misiva que está dispuesto a construir una piscina para que ella se dedique a lo mismo en Loja: enseñar a nadar. Julia Victoria aceptó emocionadamente.Sin pérdida de tiempo, Joaquín Sebastián inició la construcción de la que sería primera piscina para uso público en la ciudad de Loja, entre 1948 y 1949, en el lote de terreno de su propiedad situado en la intersección de la actual avenida Emiliano Ortega y calle 10 de agosto, donde se iniciaba el antiguo camino a Zamora. Fue una piscina mediana pero suficiente para el aprendizaje y práctica de la natación. Antes, las familias organizaban paseos campestres tratando de encontrar un “hondito” aguas arriba del río Zamora, para que los hijos pataleen haciendo el intento de nadar. El sitio ideal era por el sector de Zamora Huayco, porque además los muchachos recolectábamos quiques, una fruta silvestre con la que hacíamos collares. También encontrábamos moras.La construcción del complejo llegaba casi hasta la orilla del río Zamora, dejando un pequeño espacio como sendero ya que no existía calle alguna. Por aquella época, Loja, con 15.400 habitantes, era una ciudad plana, su crecimiento no rebasaba el límite de sus dos ríos. Al otro lado del río Zamora, estaba la hermosa quinta «El Rincón», de propiedad de la familia Rodríguez Alvarado, que era un verdadero jardín de flores.Concluida la construcción del complejo deportivo y recreacional, Joaquín Sebastián decidió denominarlo “Baños Venecia”, evocando el nombre de aquella bellísima ciudad del noreste de Italia, que, con sus canales, puentes, milenaria historia y riquísimo patrimonio monumental, es uno de los destinos turísticos más impactantes y populares del mundo. De su parte, Julia Victoria empacó sus cosas en Argentina, sin olvidar los famosos alfajores de maicena rellenos con dulce de leche, y retornó a su querida Loja para dedicarse a enseñar a nadar, haciéndolo con pasión y singular complacencia. Hombres y mujeres, especialmente jóvenes, frecuentaban el lugar para recibir las enseñanzas de la maestra y para encontrarse entre amigos. Pienso que no habrán faltado los fieles guardianes de las chiquillas, que generalmente eran los hermanos menores, cumpliendo el encargo de los padres de familia, como era la costumbre. Aníbal me comentó que en su adolescencia visitaba el sitio y recuerda que Livia Mahuad, Chavica Arias, Julia Rodríguez, Judith Costa, Rosa Burneo y las hermanas Ojeda, bellas y esculturales mujeres, eran como peces en el agua. También me dijo que Aquiles Simancas rápidamente se convirtió en el Tarzán de la piscina.  La gente soportaba el frio de la piscina y salía tiritando. Algunos jóvenes ofrecían una taza de café bien caliente como una forma de mostrarse galantes ante las mujeres, a las que trataban con absoluto respeto. El joven militar, Marco Aurelio Subía, que muchos años más tarde falleció en el trágico accidente aéreo que segó la vida del Presidente Jaime Roldós Aguilera, el 24 de mayo de 1981, fue uno de ellos. “Baños Venecia”, se constituyó un ícono de la ciudad de Loja y fue importante punto de referencia, tuvo un corto período de existencia porque se dieron algunas circunstancias: el fallecimiento de su propietario, Joaquín Sebastián Eguiguren Burneo, la construcción de las piscinas municipales en la primera década del cincuenta y el desarrollo urbanístico de la ciudad. En el recuerdo de “Baños Venecia” está el memorable nombre de Julia Victoria Eguiguren Burneo, mujer virtuosa, apasionada y colmada del ferviente deseo por promover el deporte de la natación en la colectividad lojana. Un nombre que no debemos olvidar, porque como dice un proverbio árabe: «Las cosas no valen por el tiempo que duran, sino por las huellas que dejan».Años más tarde, Julia Victoria contrajo matrimonio con Luis Castillo Aguilar, hombre gentil, caballeroso y con una honestidad acrisolada, que se desempeñó eficientemente como funcionario de la Sucursal del Banco Central de Loja, y en cuyo matrimonio procrearon una familia respetable y apreciada, que habitó la casa edificada precisamente en el terreno donde funcionaba «Baños Venecia».Como queda dicho, en la primera década del cincuenta la Municipalidad de Loja construyó dos piscinas en la parte oriental del actual Estadio “Reina del Cisne”, en el sitio donde todas las mañanas mi hermana acude a la cumbiaterapia. La una era semiolímpica para adultos y la otra destinada a los niños. Esas piscinas tenían una gran concurrencia puesto que el acceso era gratuito. La más grande servía para la práctica de esa disciplina deportiva por parte de estudiantes, entre los que no faltaban los del Bernardo Valdivieso. El señor Jiménez, empleado municipal bajo cuya responsabilidad estuvo el cuidado y conservación de ese espacio deportivo y recreacional, miraba con atención todos los movimientos de los nadadores por sí las moscas. Mi amigo Fernando Vire Riascos, quien se desempeñó como jefe de comunicación en la Federación Deportiva Provincial de Loja, me conversó que el Municipio de Loja, en 1968, mediante escritura pública donó a esa entidad el terreno y la sencilla construcción conocida como Estadio Municipal. Posteriormente, en 1976, en la dictadura del Consejo Supremo de Gobierno, y siendo presidente de la Federación Deportiva Provincial Luis Sempértegui Valdivieso, se iniciaron los trabajos de reconstrucción del Estadio, especialmente del cerramiento. En esos trabajos, que evidentemente fueron necesarios, se ocupó el área donde estaban las piscinas municipales, para muchos de grata recordación. Luego se construyeron las demás piscinas que conocemos: la del Cabo Minacho, que acertadamente abrió sus puertas al público; las municipales y la del Colegio Bernardo Valdivieso, cuyas aguas son medianamente temperadas. Esos escenarios deportivos fueron espacios en los que se forjaron algunos deportistas que amaban la natación. Sin duda que la figura sobresaliente que vistió de gloria a la natación lojana, fue José Vicente Aguirre Jaramillo, ex campeón y seleccionado nacional.