Entre derechos y obligaciones

Juan Luna Rengel

Viernes 10 de diciembre de 1948, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclama la Declaración Universal de Derechos Humanos como respuesta a los actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad, cometidos durante la Segunda Guerra Mundial, lo hace en la ciudad luz, París.

La declaratoria firmada por todos los países garantiza los derechos inalienables de todo ser humano, independientemente de su raza, color, religión, sexo, idioma, opinión política o de otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.Los Derechos      Humanos, innatos a la persona son intransferibles, irrenunciables, imprescriptibles, indivisibles, interdependientes e interconectados, y son de obligatoria aplicación en los ámbitos civiles, económicos, sociales, religiosos, culturales y ambientales. El carácter universal de los Derechos Humanos subyace que no existe razón o justificación para negar el ejercicio de estos derechos a ninguna persona. Se debe reconocer el valor de toda persona humana y que la afirmación de su dignidad e integridad son condiciones fundamentales para la convivencia social armónica. Una sociedad donde, a cualquier título, se conculquen los derechos básicos connaturales a la propia naturaleza humana se vuelve violenta y se distancia de la paz y de la justicia.La Carta fundamental de los Derechos Humanos reconoce también que “toda persona tiene deberes respecto a la comunidad, puesto que solo en ella puede desarrollar libre y plenamente su personalidad” (art. 29,1), por lo que, el viejo adagio que “el derecho de uno, termina donde comienza el derecho del otro” permite el ejercicio de los mismos en el marco del respeto. El el ejercicio del derecho en la sociedad tiene consigo la obligación que cada uno vivencia en la teoría y en la práctica ese mismo derecho en todos los demás. Por tanto, es claro que no solo debemos exigir derechos sino también tenemos que cumplir deberes ineludibles a nivel personal y colectivo.En la construcción histórica de la sociedad somos testigos, tanto de la vulneración y la violación de los derechos como del incumplimiento de los deberes que tenemos para con nuestros semejantes y de grandes grupos humanos, porque hay individuos que incumplen sus deberes y buscan todas las estrategias posibles para evadir sus responsabilidades, la típica viveza criolla, tan aceptada socialmente genera grandes desequilibrios civiles, sociales, económicos, políticos, culturales y ambientales que repercuten en pobreza, desigualdad, violencia, exclusión, discriminación, explotación, hambre, miseria, desnutrición infantil, falta de servicios básicos, servicios de salud deficientes, educación de mala calidad, corrupción, contaminación ambiental y una interminable lista que lo único que hacen es vulnerar los derechos de los más pobres y desprotegidos de la sociedad.Frente a la realidad, debemos repensarnos como organización, como sociedad que, para ser justos, solidarios, equitativos y pacíficos, urge que todos, sin excepción de ninguna clase, cumplamos los deberes y, al mismo tiempo, exijamos los derechos… parte fundamental de la ética, de la responsabilidad social y de la coherencia de pensamiento, acción y vida. Si solo exigimos derechos e incumplimos los deberes, estamos atentando contra los demás. El cumplimiento de los deberes pone vigente los derechos de todos.Para enfrentar y salir de la crisis integral en la que nos desenvolvemos, traigo a la memoria las palabras del Papa Francisco, al recordar los 60 años de la carta de los que sitúen los derechos humanos en el centro de todas las políticas, incluidas las políticas de cooperación para el desarrollo, incluso cuando eso signifique ir contra corriente”.