Un existenciarse radicalmente ético-estético desde el ser

Galo Guerrero-Jiménez

En este devenir permanente de la vida en que el pensamiento fluye continuamente para adaptarse a las circunstancias por las que la humanidad atraviesa, tanto en el orden económico, político, social, ideológico y educativo-cultural-histórico, no puede marchar al margen de los aspectos afectivos, intelectuales, ecológicos y antropológico-axiológicos, que son los que hacen posible los grandes sueños e ideales que la humanidad, desde el despertar de una conciencia permanente, debe asumirlos desde un existenciarse radicalmente ético y estético, de manera que la visibilidad de cada acto que fluye desde la palabra y el accionar pensante, nos lleve a una praxis en cuya sensibilidad estética aflore la capacidad permanente para interpretar la realidad, de manera que, “cuando uno mira en profundidad los pequeños detalles, la realidad se magnifica, se llena de vida y de plasticidad, y nos desvela los múltiples significados que encierra” (Alonso, 2002).

En resumen, parecería que la humanidad, para que no avance en este estado de deshumanización, que está marcado por una serie de vicisitudes, sobre todo cuando “relaciona felicidad con posesión. Nos pasamos la vida buscando tener estabilidad económica, social, profesional, afectiva… Tener seguridad, tener prestigio, tener cosas materiales, tener amigos… La felicidad verdadera no está en el tener, sino en el ser. Nuestra forma de ser es la base de la verdadera felicidad” (Rojas Estapé, 2022), la cual se labra permanentemente a través de la educación, pero siempre y cuando fluya ese existenciarse radicalmente ético-estético; pues, solo así, puede evitarse lo que señala Paulo Freire a través de Ana Maria Araújo Freire: “Nunca pude pensar que la práctica educativa (…) pudiera hacerse al margen de la cuestión de los valores y, por lo tanto, de la ética; al margen de los sueños y de la utopía, es decir, de las elecciones políticas; al margen del conocimiento y de la belleza, vale decir, de la gnoseología y de la estética” (2022).

El fracaso de la educación, entonces, es el fracaso de la humanidad, aunque tengamos un despliegue de adelantos científico-técnicos del más alto nivel y en todos los ordenes del conocimiento humano y que, teóricamente, descansan en Internet, en libros y artículos publicados en revistas indexadas y de especialidad en cada género del conocimiento que casi nadie lee. Pues, en cada texto reposa lo más logrado y labrado del pensamiento humano que debe ser revisado, estudiado con la más excelsa pasión cognitiva y lingüística, de manera que todo ser humano pueda educarse desde los múltiples significados que encierra ese conjunto de lenguaje que nos compromete a la toma de una posición axiológico-estética profundamente radical y excelsa en el desarrollo de lo más plenamente humano.

Desde este orden, podemos aspirar a un grado de felicidad en el que la pasión por nuestra educación cognitiva desde el conocimiento de los temas que más sean de nuestro agrado, nos lleve a la pertenencia de una ética situacional, sustentable al calor de las ideas que los grandes humanistas las trabajan para que el lector, el estudioso, el educando que somos todos, sienta que puede sacarles el mejor partido a nuestros valores. Así, si me enfoco en un tema literario, “es innegable que cada vez que leemos poesía nace una emoción, encontramos alguna imagen, escuchamos cierta música, experimentamos cadencias, metáforas y un lenguaje cifrado que luego desciframos en nuestra propia experiencia para saber que la poesía es necesaria para vivir y que le da sentido a nuestra existencia” (Argüelles, 2017) y, por ende, un grado de felicidad que se magnifica en “una pequeña obra de arte con la vida, esforzándonos cada día para sacar nuestra mejor versión” (Rojas Estapé, 2022) de humanismo estético-axiológico.