«Niebla mental» o dificultad de concentración: ¿Cómo sé si es un síntoma del COVID persistente?

Aarón Fernández del Olmo

Por niebla mental entendemos un síndrome que se caracteriza por un estado de fatiga “mental”, dificultad para la concentración y mantenimiento de la atención, así como problemas para memorizar derivados de ello. En general se puede decir que nos encontramos con dificultades cognitivas que pueden afectar a nuestro rendimiento en tareas que puedan conllevar muchos estímulos o sean más complejas.

La persona que se encuentra en un estado de niebla mental va a tener problemas para mantenerse en las tareas, se va a cansar antes y va a cometer errores con más facilidad. Sin embargo, la realidad es que, como pasa con la mayoría de síndromes, van a variar mucho de una persona a otra, con mucha variación en los síntomas y muy ligado a las demandas del entorno de la persona.

Aarón Fernández del Olmo, profesor del Máster en Neuropsicología Clínica de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), afirma que la niebla mental como tal se puede producir por diferentes causas. Por ejemplo, podemos encontrarnos con causas cerebrovasculares como un traumatismo que produzcan este enlentecimiento al procesar la información y provoquen que las tareas que impliquen manipular más elementos “mentalmente” nos sobrecarguen más.

En general, siempre vamos a encontrar una relación con alteraciones cerebrales detrás de esta niebla mental, pero eso sería quedarse en la superficie. Existen situaciones que pueden producir esa sobrecarga o entornos que nos generen una carga importante de estrés, lo que repercute también en nuestra capacidad de concentración.

El término niebla mental se ha vuelto algo más visible por su posible relación con la COVID. Es importante señalar que este perfil de funcionamiento ya existía antes de la pandemia, igual que existían las pérdidas de olfato (anosmia). Aún así, parece ser algo ya aceptado que tras una infección se puede provocar un estado de alteración persistente (conocido como COVID persistente) en un porcentaje de las personas infectadas, y dentro de estas, un porcentaje de personas que puede presentar signos de esa niebla mental, transitorios o más estables, comenta el profesor del Máster en Neuropsicología Clínica de la Universidad Internacional de La Rioja.

Hay que tener en cuenta que la COVID-19 lleva en nuestras vidas poco más de dos años, por lo que muchos aspectos aún están siendo estudiados y deben ser tomados con cautela. Algunos estudios recientes están mostrando que la COVID persistente puede, en algunos casos, provocar alteraciones a nivel cerebral que explicarían esta niebla mental. Aún así, los mecanismos continúan en estudio.

Entonces, si son varias las causantes de la niebla mental, ¿cómo saber si se presenta debido al COVID? Fernández del Olmo opina que “una valoración neuropsicológica puede ayudar a detectar el perfil y a tratar de filiarlo. Como ya se ha mencionado existen muchas causas de perfiles cognitivos compatibles con la niebla mental, y a partir de esta valoración se puede detectar la existencia de ese perfil como algo primario y no secundario a otros factores. Aún así, el trabajo debería ser multidisciplinar, ya que profesiones como la neurología pueden determinar la causa inicial”.

Para entender la duración de este síndrome, nos encontramos con el problema de la novedad de este virus y sus efectos. Los estudios longitudinales no pueden tener más de dos años y medio por el hecho de que este virus no existía antes de ese periodo, o al menos, no había proliferado. Por eso, existen perfiles que muestran cierta recuperación y otros que mantienen de forma crónica estos síntomas, por lo que se debe proseguir los estudios para comprobar posibles remisiones o establecimientos superiores a los 3 años.

Hasta este punto podemos preguntarnos si la niebla mental tiene cura, a lo que Fernández del Olmo responde: “a veces, situaciones que afectan al cerebro provocan cierta desactivación de zonas del cerebro que no pueden funcionar, pero que durante el proceso de reorganización posterior vuelven a recuperar funcionalidad y permiten recuperar parte las capacidades que están alteradas de inicio. Es lo que se conoce como zona de penumbra”.

En todo caso, el tratamiento puede ir en la línea de la estimulación cognitiva, pero sobre todo en aspectos de compensación cuando el perfil se torna crónico. Plantear ayudas externas, reducción de estímulos que puedan sobrecargar, ruidos, entre otros. Todo ello puede ayudar a mejorar el funcionamiento cognitivo. Una persona puede tratar de adaptar su entorno y adaptarse a sus dificultades para mantener cierta funcionalidad, si bien es verdad que en algunos aspectos laborales resulta difícil esa adaptación.

Es necesario saber que el papel de la psicología clínica va a ser fundamental para tratar de ayudar a reducir el impacto emocional que supone presentar esa niebla mental que nos impide retomar nuestra vida tal y como la conocíamos por las limitaciones. El trabajo en psicoterapia puede ayudar a aceptar esta situación. Igualmente, la rehabilitación neuropsicológica y la compensación pueden ser herramientas muy útiles.

Bibliografía: Díez-Cirarda, M., Yus, M., Gómez-Ruiz, N., Polidura, C., Gil-Martínez, L., Delgado-Alonso, C., Jorquera, M., Gómez-Pinedo, U., Matias-Guiu, J., Arrazola, J., & Matias-Guiu, J. A. (2022). Multimodal neuroimaging in post-COVID syndrome and correlation with cognition. Brain, awac384. https://doi.org/10.1093/brain/awac384.