Desafío para el Ecuador

Quilanga, 01 de septiembre 2023

Estamos en un momento crítico: inseguridad que se revela en violencia y muerte. La crisis económica que se agudiza en pobreza extrema por la falta de empleo digno y seguro, la clase política denigrada y corroída hasta la médula, unas elecciones anticipadas que polariza los sectores y que juega al sensacionalismo de falsas noticias y de historietas, una crisis ambiental que anuncia unos de los más desastrosos fenómenos de El Niño, los medios de comunicación y sus comunicadores tradicionales convertidos en adalides de los políticos y de la politiquería, mientras que los medios tecnológicos y modernos nos entretienen en la instantaneidad no contrastada publicidad engañosa.

Así podríamos, cada uno, desde nuestras miradas diferentes ver, describir, comentar y analizar los hechos y fenómenos que suceden el mundo de lo real y de la realidad. La mirada diferente de cada actor ciudadano, de cada organización, de cada sector social, político, económico, religioso, cultural enriquece y aporta, por ello, en este contexto me permito formular algunos desafíos para crecer y mejorar como personas, como ciudadanos y como gobernantes.

Lo primero, prioritario y fundamental es recuperar la ética, moral y valores cuyo origen natural es la persona misma, pues, muchos de ellos son inalienables e irrenunciables, otros surgen de la sociedad de buenas costumbres y muchos de procedencia en la virtud, que la identifico de orden divino/espiritual. Estos tres elementos persona, costumbres y lo espiritual coadyuvan a un beneficio comunitario donde comprendamos que estamos convocados a ser, antes que aparecer, a ser, antes que hacer. La ética, la moral, los valores tiene que ver en esencia con la vida, con su dignidad, con su integridad que nos conducen a la paz, la solidaridad y la justicia como valores humanos fundamentales. Dice el papa Francisco que en medio de nuestra fragilidad “estamos llamados a cuidar de la humanidad en todas sus dimensiones”.

Lo segundo y no menos importante es encontrar equilibrio humano y técnico, en un modelo de vida y desarrollo integral que conjuguen la económico, lo social y lo ambiental. Un modelo económico justo es solidario, fraterno, comparte y hermana, el manejo adecuado social y ambiental tienen que ver con la dignidad de la vida humana y de la vida de la naturaleza. Conquistar este equilibrio de vida significa renunciar al tradicional modelo de privilegios, de prebendas y de maximizar beneficios a pequeños grupos de poder. Necesitamos para ello de políticas públicas que emiten los líderes políticos que nos gobiernan, entonces el mejor líder político, no es el que más títulos ostenta, sino, aquel que es mejor ser humano, por tanto, cuida y ama la vida en su dimensión humana y espiritual.

Un tercer desafío que arropa los dos anteriores es el de ser constructores de paz, de esa paz, como dice la doctrina social de la iglesia, brota de la justicia. El papa Francisco en sus mensajes destaca: “la necesidad de que los conflictos se resuelvan no con las ineficaces razones de la fuerza, con las armas y las amenazas, sino con los únicos medios bendecidos por el cielo y dignos del hombre: el encuentro, el diálogo, las tratativas pacientes, que se llevan adelante pensando especialmente en los niños y en las jóvenes generaciones”.

Plantearnos estos desafíos debe provocar respuestas que nos comprometan a buscar juntos un modelo de vida para todos, que sea transparente, compasivo y valiente.