Su voto y mi voto deciden

Juan Luna Rengel

Quilanga, 29 de septiembre 2023

Democracia en su definición etimológica es el gobierno del pueblo, el mandante al consignar su voto designa a sus líderes gobernantes que le presentan un plan de trabajo el mismo, es mandatorio y obligatorio de cumplimiento, el mismo, debe salvaguardar el buen vivir, como máxima suprema de bienestar económicos, social y ambiental.

En nuestro amado país la constitución y la Ley electoral fortalece una democracia electiva cada cuatro años para dignatarios nacionales y seccionales, bajo cuya responsabilidad está dirigir los destinos del país, de las provincias, cantones y parroquias con un gobierno nacional y gobiernos descentralizados. La forma de gobierno es representativa y alternativa, considerando una sola reelección.

Entre sus deberes y obligaciones es la planificación nacional y local con los instrumentos constitucionales que le garantizan la construcción de leyes que orienten el accionar del poder ejecutivo, legislativo y judicial, así como del poder electoral y de participación ciudadana. Todos juntos tienen un solo fin, al menos en teoría, el bien para todos. Si no se cumple ese objetivo están traicionando su confianza expresada en el voto.

Vale recordar la Doctrina Social de la Iglesia, 407: “Una auténtica democracia no es sólo el resultado de un respeto formal de las reglas, sino que es el fruto de la aceptación convencida de los valores que inspiran los procedimientos democráticos: la dignidad de toda persona humana, el respeto de los derechos del hombre, la asunción del ‘bien común’ como fin y criterio regulador de la vida política. Si no existe un consenso general sobre estos valores, se pierde el significado de la democracia y se compromete su estabilidad”

Este 15 de octubre, en elecciones anticipadas, por la aplicación de la muerte cruzada que interrumpió un juicio político al presidente; los ecuatorianos vemos interrumpida su cotidianidad política con un proceso eleccionario, en donde ocurre de todo en los medios convencionales y digitales. Historietas, noticias, actuaciones de los candidatos y sus seguidores muy distantes de la real política que es el arte de hacer y decir bien las cosas, convirtiéndose en una ventana nociva y alienante, con la falsedad, la mentira, la diatriba, con un solo propósito dañar al otro, para sobresalir yo.

Ante esta disyuntiva, con dos propuestas extremas. Primero, los candidatos representan, no a la gente sencilla, buena, del pueblo, sino a las grandes fortunas económicas, políticas y ciertos poderes fácticos que ya han administrado y cogobernado la nación por muchos años, cuyos recuerdos no son tan gratos, de allí la importancia no radica en la consignación del voto, sino en el discernimiento de mi voto y su voto, lo que significa pensar, analizar, decidir, antes de dejar en el ánfora el voto, esa simple rayita nos condena o nos encamina. El pensar y discernir deben ser un acto lejano del apasionamiento y de las emociones de las redes sociales, sino debe ser el rumbo a encontrar nuevas oportunidades de mejorar.

Este 15 de octubre, cerrado el proceso electoral, los simpatizantes deben estar preparados para aceptar con profundo respeto y altura, el veredicto inapelable de las urnas, de ellos depende la paz y tranquilidad que el país necesita para seguir buscando el bien, hasta consolidar una población responsable, un sistema electoral transparente, políticos, partidos y movimientos responsables, con solvencia ideológica y comprometidos con el bien común.