Perseverancia y toma consciente de la lengua

Galo Guerrero-Jiménez

Para que la comunicación humana fluya con dinamia, con moralidad estética, sin ambigüedad, sin contratiempo y desde unas coordenadas de elocuencia lógico-antropológico-ético-estéticas que son las que identifican a un individuo como perteneciente a una comunidad que desea vivir con la mejor expresión de su vocación humana, necesita entrar en contacto consigo mismo y con la otredad desde la emisión de su lengua y en consonancia con el cuidado y dominio permanente de un actitud metalingüística y metacognitiva a través de los componentes de la competencia comunicativa que toda persona debe asumir permanentemente y en cualquier ambiente en el que se encuentre.

Esta perseverancia y toma consciente de la lengua ayuda a desarrollar nuestra personalidad para tener éxito en la vida si a diario tratamos de mejorar los componentes de la competencia comunicativa, tales como los que recomienda el investigador Carlos Lomas (1999): El componente lingüístico, que nos motiva a conocer el código de la lengua con el cual nos comunicamos; pues, el desconocimiento del código, como el fonético, ortográfico, morfosintáctico y semántico estropea una correcta comunicación.

El componente sociolingüístico, el cual nos ayuda a tener la capacidad de adecuarnos a los diferentes contextos socio-culturales y situaciones del intercambio comunicativo que ejercen las personas, según sea el sector geográfico en donde actúa una comunidad determinada con una serie de referentes y conductas lingüísticas que son propios y exclusivos de esa comunidad.

El componente discursivo, que consiste en elaborar textos orales y escritos con coherencia y cohesión. Este componente tiene una estructura exclusiva en cada tipología textual. En este sentido, se debe conocer, por ejemplo, cuál es la estructura de redacción que tiene un texto literario, descriptivo, periodístico, académico, científico, expositivo, argumentativo, y etcétera de tipologías que en todos los campos del saber humano coexisten y se cultivan a diario.

El componente estratégico, el cual nos promueve a una toma de consciencia permanente para comunicarnos con todas las normas y habilidades intelectuales, emotivas, ecológicas y psicológicas, con la finalidad de que no haya malos entendidos, maltratos, incoherencias y una serie de conductas personales que a la hora de la comunicación fluyen según el grado de conocimiento lingüístico y, sobre todo, humanístico que le caracteriza al interlocutor para que no haya malas composturas personales, sino más bien la agudeza de una lengua que fluye para la compartencia y para la convivencia de unas relaciones humanas al más alto nivel de dignidad y de asocio con lo noble y benevolente que una persona  debe practicar desde una actitud realista, estética y antropo-ética.

En todo caso, la renovación de nuestro comportamiento humano desde los componentes de la competencia comunicativa juega un papel vital a la hora de entrar en contacto dialógico con nuestros congéneres, tanto desde la oralidad, la escucha, la escritura y la lectura, sobre las cuales debemos tener una habilidad excepcional para que la mente fluya fenomenológica, estética y humanísticamente con la grandeza que el corazón y la razón se empoderan cuando la persona desea comunicarse conscientemente desde su realidad ontológica y de sanidad mental y, ante todo, utilizando técnicas asertivas para que cuando hubiere malos momentos, se conviertan en buenos espacios de compartencia, tales como la técnica de la actitud sugestiva, “la cual consiste en repetir en voz alta algunas palabras relajantes. Las palabras tienen un inmenso poder de sugestión y al pronunciarlas nos hacen sanar. (…) Otra técnica eficaz para cultivar una mente serena es la práctica diaria del silencio. (…), en cierto modo, nuestra falta de paz interior se debe al efecto del ruido en nuestro sistema nervioso” (Vicent, 2020).