El médico como agente de cambio y desarrollo social

Benjamín Pinza Suárez

La medicina es una profesión vocacional exigente, que demanda mucha preparación y sacrificio. Su campo de investigación y acción es amplio, complejo, delicado, pero de enorme utilidad para la salud humana y por ello, debe concebírsela como una ciencia y un arte cuyos conocimientos y habilidades técnicas y clínicas sirven para  prevenir enfermedades, hacer diagnósticos y tratamientos eficaces. De ahí que… la labor del médico implica un ejercicio de entrega permanente, de esfuerzo, empatía, excelencia y   compromiso social.

La misión que cumplen los médicos es uno de los más grandes desafíos de nuestro tiempo, tiempo acicateado por esta pandemia que puso a prueba su profesionalismo, su humanismo, su entereza y pericia para enfrentar, con los otros profesionales de la salud, este duro drama sanitario. Su trabajo ha estado sometido a horas de trabajo interminables, de contacto directo con el dolor humano, con carencia de medicina, de equipos, de materiales de protección; los recursos sanitarios fueron de los más miserables para atender una demanda ilimitada, con insuficiencia de camas de UCI y de respiradores esenciales para mantener la vida. Los médicos han tenido que enfrentar con estoicismo esta durísima experiencia, pero ha sido en estos reveces de la vida en donde  afloraron sus convicciones, su auténtica vocación, poniendo incluso en riesgo su propia vida para seguir con más entrega, fuerza y valor, salvando vidas humanas.  

Los médicos se han visto en grandes aprietos y ha tenido que tomar  decisiones basados en criterios de prioridad, de asignación, de beneficio y necesidad. La bioética se convirtió en materia esencial para la práctica médica. Por eso es que los médicos no quieren que se les aplauda como héroes, sino que se les  reconozca su labor con mejores condiciones laborales, garantizando sus derechos y los derechos de todos los trabajadores de la salud,  con oportunidades para su superación profesional y con mejores condiciones de infraestructura sanitaria. El Sistema de Salud debe ser equitativo, integral, sustentable, efectivo y de calidad, con prestación de servicio de primer nivel frente a una población vulnerable, capaz de procurar un bienestar biopsicosocial.

El médico no atiende clientes sino pacientes que los trata como personas, dignas de respeto y consideración. El médico es agente de cambio y desarrollo social que promueve estilos de vida saludables para reducir los factores de riesgo. Por esta alta misión que desempeñan en la sociedad es que el  gobierno debe honrar a los galenos del país bajo el lema de que  “amar a la medicina es amar la humanidad”. “Dichoso el que estudia para aprender, el que estudia para enseñar, pero quien lo hace para curar se lleva las palmas”.  

Esta pandemia a todos nos va dejando dolorosas lecciones que nos sirven para convertirnos en mejores personas, en ciudadanos del mundo, libres de indolencias, ambiciones, injusticias y discriminaciones, porque las cicatrices que a todos nos deja este virus fatal y especialmente a los profesionales sanitarios, ni el tiempo las podrá curar.

El médico como agente de cambio y desarrollo social

Benjamín Pinza Suárez

La medicina es una profesión vocacional exigente, que demanda mucha preparación y sacrificio. Su campo de investigación y acción es amplio, complejo, delicado, pero de enorme utilidad para la salud humana y por ello, debe concebírsela como una ciencia y un arte cuyos conocimientos y habilidades técnicas y clínicas sirven para  prevenir enfermedades, hacer diagnósticos y tratamientos eficaces. De ahí que… la labor del médico implica un ejercicio de entrega permanente, de esfuerzo, empatía, excelencia y   compromiso social.

La misión que cumplen los médicos es uno de los más grandes desafíos de nuestro tiempo, tiempo acicateado por esta pandemia que puso a prueba su profesionalismo, su humanismo, su entereza y pericia para enfrentar, con los otros profesionales de la salud, este duro drama sanitario. Su trabajo ha estado sometido a horas de trabajo interminables, de contacto directo con el dolor humano, con carencia de medicina, de equipos, de materiales de protección; los recursos sanitarios fueron de los más miserables para atender una demanda ilimitada, con insuficiencia de camas de UCI y de respiradores esenciales para mantener la vida. Los médicos han tenido que enfrentar con estoicismo esta durísima experiencia, pero ha sido en estos reveces de la vida en donde  afloraron sus convicciones, su auténtica vocación, poniendo incluso en riesgo su propia vida para seguir con más entrega, fuerza y valor, salvando vidas humanas.  

Los médicos se han visto en grandes aprietos y ha tenido que tomar  decisiones basados en criterios de prioridad, de asignación, de beneficio y necesidad. La bioética se convirtió en materia esencial para la práctica médica. Por eso es que los médicos no quieren que se les aplauda como héroes, sino que se les  reconozca su labor con mejores condiciones laborales, garantizando sus derechos y los derechos de todos los trabajadores de la salud,  con oportunidades para su superación profesional y con mejores condiciones de infraestructura sanitaria. El Sistema de Salud debe ser equitativo, integral, sustentable, efectivo y de calidad, con prestación de servicio de primer nivel frente a una población vulnerable, capaz de procurar un bienestar biopsicosocial.

El médico no atiende clientes sino pacientes que los trata como personas, dignas de respeto y consideración. El médico es agente de cambio y desarrollo social que promueve estilos de vida saludables para reducir los factores de riesgo. Por esta alta misión que desempeñan en la sociedad es que el  gobierno debe honrar a los galenos del país bajo el lema de que  “amar a la medicina es amar la humanidad”. “Dichoso el que estudia para aprender, el que estudia para enseñar, pero quien lo hace para curar se lleva las palmas”.  

Esta pandemia a todos nos va dejando dolorosas lecciones que nos sirven para convertirnos en mejores personas, en ciudadanos del mundo, libres de indolencias, ambiciones, injusticias y discriminaciones, porque las cicatrices que a todos nos deja este virus fatal y especialmente a los profesionales sanitarios, ni el tiempo las podrá curar.