Un cazador furtivo

P. Milko René Torres Ordóñez

Un encuentro provocado con Michel de Certeau en su filosofía de la lectura me ha permitido un acercamiento hacia ella con la finalidad de comprender por qué produce significación. Jean-Marc Bustamante sostiene que el arte es, por encima de todo, una experiencia de la mirada. Mi trabajo consiste en hablar de usted a través de mí. La lectura es un arte porque siempre es novedosa.

El encuentro entre el autor y el texto permite formular infinidad de reflexiones. Hablo de una mirada profunda, más allá de lo que podamos considerar como subjetivo. El diálogo entre estos mundos genera libertad al lector que desplaza y subvierte lo que el libro quiere imponerle. En esencia, estas ideas quieren asegurar un alto nivel de comprensión. El acercamiento a un texto siempre es un juego delicado porque compromete pensamientos y valores, a la persona como tal. ¿Cómo entender el diálogo entre el “yo” y el “tu”? La sensibilidad entre actores genera, más allá de un choque de intereses, experiencias, frutos en la historia. La literatura es, en efecto, camino y medio para transportar arte. Su receptor es un elemento imprescindible en una exitosa comunicación. El arte de la literatura es universal. Abraza a muchos ámbitos. Me centro, por ahora, en la buena lectura espiritual. Presupone una escucha atenta a nuestro interior. Escucho para leer. Leo para aprehender. Con frecuencia, la prisa en las actividades, es como una armadura oxidada que pesa. Cuesta liberarnos de ella. En verdad nos aprieta. Despierta un comportamiento tedioso, afecta. El amigo, el devoto fiel en una celebración eucarística, el predicador, el intelectual. Un conglomerado incontable de hombres de bien. La palabra tiene un sentido desbordante. En la exégesis rabínica la Sagrada Escritura tiene setenta caras. La lectura clara del libro sagrado es el arte que llena nuestra mejor parte. El hombre no puede vivir sin disfrutar del gran huésped que le lleva a saborear del conocimiento interno, de la presencia de quien sabemos que nos ama. El fundador de la Compañía de Jesús dijo, hace más de quinientos años, que no el mucho saber harta y satisface el alma, sino gustar internamente de las cosas de Dios. El encuentro con el amado, el cazador furtivo que recorre las tierras de otro, parafraseando a Ceteau. La nuestra. La Biblia, como modelo perfecto de lectura, es el testamento espiritual por excelencia. El Antiguo y el Nuevo. Desde Adán hasta Jesús. Desde el Edén hasta la Jerusalén Celestial. De la promesa al cumplimiento, para formar un coro que entone el himno que canta solemnemente:            ¡Ven, Señor Jesús! El encuentro con la lectura produce con mayor claridad un significado muy claro. Es preciso aprender a escuchar para enseñar a leer los signos de los tiempos. La pandemia, a quien acusamos y juzgamos, marcó el antes, el hoy, el después. Dios, decía san Agustín, habla a los hombres al modo humano. Continúa hablando. Nuestro Creador nos cede el poder de conducir la vida con libertad, aunque, siempre se guarda la carta de ir marcando el recorrido. Nosotros avanzamos abriéndonos camino en un mundo con rutas resquebrajadas.