Ofrendas por la fundación de Loja y ofrecimientos para el pueblo

Rafael Riofrío Tacuri

El pasado 18 de noviembre las autoridades públicas y educacionales resaltaban la gesta popular de los patriotas lojanos que se adhirieron a la Independencia de Loja; sin embargo, a los veinte días con motivo de la “fundación” de Loja, las mismas autoridades públicas y educativas rinden homenaje a los conquistadores que desde 1492 saquearon nuestros recursos naturales.

¡Qué nos pasa! El verdadero espíritu libertario, en esta ocasión debería expresarse en una convocatoria a una minga por la dignidad para terminar con los privilegios de la corrupción a unos pocos, en cambio sí, para exigir salud, educación, empleo, recolección de basura, agua potable y seguridad ciudadana, es decir, una convocatoria para forjar la unidad para construir la Patria Nueva, esa patria que nos proporcione el bienestar común y supere las grandes desigualdades.

El hecho es que, el 8 de diciembre, Loja celebró 474 años de “fundación”, –aunque prefiero decir, asentamiento y conquista española–, fecha en que tradicionalmente el Municipio realiza el ritual de colocar ofrendas en el monumento al conquistador Alonso de Mercadillo, y ofrecimientos al pueblo, seguido de una serie de actos coloridos y folclóricos de entretenimiento a los ciudadanos, donde el auténtico civismo desaparece poniéndose énfasis al origen español de la ciudad y en el despilfarro de dinero.

Con motivo de las elecciones seccionales, a uno y otro candidato, se escucha decir, que, en la ciudad de Loja, hay miles de familias que no tienen acceso a agua potable, alcantarillado, electricidad, salud, educación y trabajo, lo que aumenta las condiciones de la pobreza y vulnerabilidad agravadas durante y después de la pandemia. De allí, que en estas fechas las autoridades locales, a más de promocionar los “jueguitos de luces y las princesitas de navidad”, deben valorar las dimensiones económica y social puesto que tienen directa relación con el mejoramiento de las condiciones de vida de los sectores poblacionales marginados.

Lo cierto es que, en estas fechas reaparece el discurso festivo ahora acompañado del proselitismo lo electoral de cada dos años, por un lado, parece que las angustias diarias se atenuarán con la necesidad de la fiesta, pero por otro, junto a los viva Loja arrecian las críticas a todo el descuido administrativo del Cabildo, que sin querer queriendo han dividido a la ciudad en entre “lo rico y lo pobre, lo bello y lo feo, lo moderno y lo antiguo”.

Reflexionemos: la conquista y la fundación de nuestras ciudades incluida Loja, representa el lado sanguinario de la historia, fueron procesos de humillación, sometimiento, destrucción cultural y muerte de miles de pobladores originarios. Quizá sea rescatable el hecho, del nacimiento arquitectónico de las ciudades con el trazado de calles, iglesias, conventos y edificaciones coloniales, lo que debemos aprovechar para la promoción turística hacia el resto del país y el mundo, pero, ante todo, para levantar las banderas de una nueva ciudad, digna y equitativa.