Evocaciones de Navidad

Por: Ruy Fernando Hidalgo Montaño

En estos tiempos de fiestas, jolgorio y familiaridad, es casi inevitable que surjan los recuerdos, que, nuestra memoria rebusque en ese rincón en el que se anidan las remembranzas de épocas pasadas que ya no volverán. Esos recuerdos se agolpan de forma intensa en la cabeza, y consiguen sacarnos una sonrisa o una lágrima, a mí me pasa, no sé si a ustedes, pero son lo que con mucho acierto Serrat llama “Aquellas pequeñas cosas”. Esas que te transportan a sitios en los que fuiste inmensamente feliz, incluso tu mente te trae los aromas del pasado que invaden clarito tu sentido del olfato, para experimentar este tipo de sensaciones, se necesita tener muy despierta la sensibilidad.

Para la gran masa de gente, solo importan otras cosas, como cumplir con rigurosidad con las tradiciones de este tiempo, y estoy casi seguro de que dirían que soy cursi, y hasta ridículo. Pero que puedo hacer, si yo soy así, ya no puedo cambiar, ni quiero hacerlo, a mí, estas fechas me traen invariablemente, una gran cantidad cosas que he vivido en el camino que he tenido la suerte de recorrer, gracias a Dios. No necesariamente son de un pasado remoto, sino que pueden ser del año que está por terminar.

Mi alma se llena de gratitud, por las cosas vividas en los 365 días bajo el cobijo del cielo, siempre a voluntad del Creador, doy gracias por todo lo aprendido de las personas más cercanas a mí, ruego porque las que partieron antes que yo, estén en un buen lugar, sin tanto apremio como acá, intento dar valor a cada lección recibida a lo largo del año, atesoro en mi interior todos los instantes compartidos con los seres que en verdad amo, pese a las diferencias que no faltan en la convivencia diaria, pero que se superan por la fuerza del cariño.

También agradezco por las personas qu-e arribaron en esta parte de mi vida, que sin duda dejarán su marca personal en mis días- todo esto, no logra alejarme de la añoranza, que en mi caso se disfraza a veces de alegrías, y en otras de tristezas, en las primeras, se pone cara de buñuelos dulces que sabían a gloria y acogedor calor de hogar, en las segundas, de soledad ausencia. Pero luego, reflexiono y pienso en lo mágico que estar vivo más aun pese a todo y eso me da mucha paz y aliento para seguir.

No se exactamente cuántas navidades tendré por delante, pero si se cuántas quedaron atrás y mientras viva las evocaré con mucho amo e inmensa  nostalgia.