….  Y, otro calendario que empieza

Diego Lara León

Desde las primeras civilizaciones, el ser humano ha contado el paso de los días, esta necesidad de representar el paso del tiempo llevó a la creación de los calendarios.

Cada pueblo construyó un calendario en base a su cultura, su religión, las festividades más importantes, el paso de las estaciones y la cosecha.

En la actualidad existen diferentes tipos de calendarios: el chino, el hebreo, el hindú, el musulmán, el persa, el budista. Sin embargo, de lejos el más utilizado en el todo el mundo es el calendario gregoriano, un calendario solar creado en 1582.

Las civilizaciones más antiguas se basaban en la observación del cielo y las estrellas para contar el tiempo, este método carecía de exactitud. La posición de los planetas y las fases de la luna se convirtieron en la referencia.

El calendario más antiguo del que se tiene conocimiento está en Aberdeenshire (Escocia) y data del 8.000 A.C. Se trata de un monumento del monolítico compuesto por 12 piedras que marcan la posición de la luna a lo largo de un año.

En nuestra América moderna, la civilización maya, una de las más importantes que el mundo haya conocido, creó su propio calendario hace 5.000 años y fueron los primeros en determinar que el año solar tenía 365 días.

En un inicio los calendarios romanos tenían 10 meses, de marzo hasta diciembre, y solo contaban con 304 días. Con el paso del tiempo, los astrónomos mejoraron sus observaciones del cielo y definieron un calendario de 12 meses y de 355 días.

En el 45 A.C., el emperador romano Julio César estableció un nuevo calendario, el calendario juliano. Este constaba de 365 días, ya que se le agregaron 10 días para completar el giro de la Tierra alrededor del Sol.

Tras la muerte de Julio César en el 44 A.C., el senado romano decidió dedicarle el mes de julio en su honor. Su sucesor, el emperador César Augusto, decidió que el mes siguiente fuera dedicado a su persona: agosto.

Tanto julio como agosto ganaron un día y pasaron a tener 31 días. Estos dos días fueron retirados de febrero, que pasó a tener 28 días. Para evitar el desajuste con el año solar, se añadiría un día extra a febrero en los años bisiestos.

Sin embargo, el desfase con el ciclo solar llevó al Papa Gregorio XIII a encargar un nuevo calendario en 1582, calendario que luego llevó su nombre. Es así como el calendario mas usado en el mundo es el Calendario Gregoriano.

Los calendarios no son otra cosa que la constancia que la vida está llena de ciclos. Los ciclos tienen comienzos y finalizaciones. Todo lo tenemos sincronizado con calendarios: nuestra edad, las cosas importantes de la persona y familia, la economía, la empresa, en fin, casi todo.

La culminación de un ciclo nos invita a evaluar los resultados cuantitativos y cualitativos de todo aquello que se hizo en ese año. El 2022 sin duda fue un periodo lleno de cosas buenas y malas (como todo en la vida).

Que este 31 de diciembre sea ese punto de inflexión que nos permita recargar energías, reflexionar, renovar sueños y compromisos. Y que, a partir del 1 de enero, iniciemos un nuevo ciclo donde la principal tarea debe ser construir en nosotros un mejor ser humano.

Desde este espacio de opinión quiero desear a todos ustedes un 2023 lleno de esperanza, lleno de calor de hogar, con mucha salud, trabajo dinamizador y sueños por cumplir. Que la solidaridad, el respeto, la tolerancia y el trabajo en equipo sean la constante en este nuevo ciclo.

¡ Feliz 2023 !