Arrepentimiento

Un reo había sido sentenciado a morar por siempre en una vieja, sucia y oscura mazmorra. No queriendo arrepentirse de su desatinada vida, orgulloso gritó que de alguna forma escaparía. El rey, en un acto de misericordia y gracia, le dijo que le perdonaría todo si encontraba la única salida existente. Su celda tenía una roca suelta, una alta ventana, y un tubo de desagüe. El preso intentó con la ventana, pero era tan alta que moriría si saltaba por ella. El desagüe no era opción, era demasiado pequeño. La roca suelta solo lo llevaba a la celta contigua. Pasaron los años y ya viejo y enfermo el reo dijo al rey: “Tú me prometiste libertad. Pasé mi vida buscando la salida y nunca la encontré. De haberla… ¿cuál era esa única salida?”. El rey le respondió: “Tu arrepentimiento genuino era la salida. Solo de esa manera hubieses obtenido el perdón y tu libertad”.

Arrepentirse implica reconocer nuestro pecado y comprometernos a cambiar de dirección. El dolor, la culpa y el remordimiento pueden presentarse, pero solo el cambio de comportamiento es señal de arrepentimiento genuino.

Los creyentes sabemos que llegará el día en el que “el Señor juzgará a cada uno según lo que haya hecho. Dará vida eterna a los que siguen haciendo el bien, pues de esa manera demuestran que buscan la gloria, el honor y la inmortalidad que Dios ofrece” (Romanos 2). Todos nos auto percibimos como buenas personas y a pesar de eso, probablemente seremos los villanos en la historia alguien. ¿Ser buena persona es suficiente para alcanzar la vida eterna? Si consideramos que la escritura señala que “No hay justo, ni aun uno; No hay quien entienda, No hay quien busque a Dios” (Romanos 3) entonces con seguridad se requerirá mucho más, de ahí la importancia de un arrepentimiento genuino.

Muchos intentan librarse del arrepentimiento comparándose con otras personas que han cometido pecados peores que los de ellos. Sacan de ese modo la ingenua conclusión de que al ser “mejores que otros”, ya no son malos. En cambio, el arrepentimiento nos lleva a negarnos a nosotros mismos, a dejar atrás nuestra naturaleza pecadora. En nosotros está arrepentirnos de corazón, la transformación final corre por cuenta de la obra regeneradora del Espíritu Santo.

Jesucristo realizó la obra de salvación. Derramó hasta su última gota de sangre por nuestra redención, Él pagó por nuestras culpas. Solo a través de Él puedes conocer y experimentar el amor de Dios y su plan para tu vida. Arrepiéntete y recíbelo como Señor y Salvador.