Juna Luna
Desde el 16 de marzo 2020, los estudiantes no han tenido un retorno total a las aulas de clases, recién, luego de esta ola fuerte de la variante ómicron, parece el ministerio de educación, fruto de la presión de organismos internacionales como la UNICEF y a pesar de la oposición de gremios de educación nacionales y cierta resistencia de padres de familia, anuncia un retorno definitivo, aunque voluntario a partir del 24 de enero, es decir, al cerrar las puertas de cumplirse cuatro quimestres entre asistencia virtual y semipresencial voluntaria en las instituciones que tienen el documento PICE aprobado.
Aplaudo la decisión del MINEDUC/ COE, de decir SI ya a un retorno definitivo a las aulas, espero sean los últimos días de retorno voluntario, pues, lo voluntario da paso a ambigüedades en todos los actores educativos, que, de paso, parece nos hemos acostumbrado al confort de la propuesta híbrida.
El cierre de los espacios educativo, vale resaltarlo, ha significado y significará en el futuro un retraso académico y social que perdurará muchos años, sino es de por vida. Desde febrero de 2021, hace un años, Claudia Tobar, directora del Instituto de Enseñanza y Aprendizaje de la Universidad San Francisco de Quito (USFQ), emprendió la campaña denominada ‘Liberen a los niños’, a fin de concienciar a autoridades educativas y sociedad sobre la necesidad imperante de retornar presencialmente a clases, a su decir, “los contagios en los centros educativos por COVID-19 son mínimos, mientras que los daños colaterales de no volver a las aulas son muchos y una decisión de mantener las escuelas cerradas es una decisión abusiva ante una población vulnerable y sin voz”, señala Tobar.
El paso al retorno está dado, lo importante es no retroceder. Abrir las instituciones educativas para superar los rezagos académicos y fortalecer las habilidades sociales olvidadas en estos casi cuatro quimestres. La virtualidad, útil en un primero momento de la pandemia, tanto para docentes y estudiantes, con el paso de los días reflejó la brecha de desigualdad entre estratos socioeconómicos porque no tienen conectividad, ni dispositivos y tampoco es favorable estar frente a una pantalla por seis horas.
Para cerrar este ciclo híbrido y dentro del proceso de mejora e innovación de un modelo educativo contextualizado cuyo aprendizaje interdisciplinar y basado en proyectos, en donde, el liderazgo, guía y mediación de docentes, el acompañamiento de padres de familia, junto a la creatividad, espíritu crítico, libertad y responsabilidad de los niños, niñas y adolescentes vamos a evaluar en base a una prueba de reflexión individual.
Evaluación que debe ser coherente y sostenida en la metacognición. Los docentes elaborarán el instrumento con cuatro pilares: comprensión, aplicación, reflexión y el compromiso, que, permitirán reconocer el logro de aprendizajes en base a los criterios de evaluación, derivados de las destrezas con criterios de desempeño y la capacidad de reflexión/toma de conciencia coherente, entre, metodología de enseñanza y metodología de evaluación para discernir los avances y retrocesos que nos conduce a procesos autorregulación y autoadministración en lo conceptual, procedimental y actitudinal.
