Dos aniversarios inolvidables

Luis Pineda

Dos personajes latinoamericanos, de dimensiones universales, tienen fechas de nacimiento en los primeros meses de cada año. Monseñor Leonidas Proaño el 29 de enero de 1910 (San Antonio de Ibarra) y el Padre Camilo el 3 de febrero de 1929 (Bogotá). Los dos de diferentes países, pero unidos por el compromiso cristiano con el pueblo pobre e iluminados por la naciente Teología de la Liberación.

Monseñor Leonidas Proaño, como obispo de la ciudad de Riobamba, se desvinculó de las tradicionales formas de ejercer el sacerdocio y se adentró en los páramos y cerros de la amplia geografía de la provincia de Chimborazo, para interiorizar en su accionar una visión desde el territorio. En sus múltiples y largas visitas fue testigo de la dolorosa realidad con la que los terratenientes trataban a los indígenas. Se identificó con los indígenas reconocidos por él como los más pobres e inició junto con ellos la obra más grande de liberación que se haya visto y operado en el Ecuador republicano desde varios ámbitos:

La devolución de tierras de la Iglesia de Riobamba a las comunidades indígenas en los años 58 – 60. Ello desataría que su Vicario P. Agustín Bravo denominó “La Revolución del Poncho”. La creación de escuelas radiofónicas populares para alfabetizar a los indígenas en su propia lengua y permitir que salgan del silencio de siglos; y conformación del Centro de Estudios y Acción Social para favorecer programas permanentes de capacitación. Suscitó la creación del Frente de Solidaridad de Chimborazo, entidad desde la cual desarrolló un amplísimo trabajo solidario, no sólo a nivel nacional, sino también para con los pueblos de América. Participación y apoyo a los procesos organizativos propios de los pueblos indios: promovió la creación del ECUARUNARI, del Movimiento Indígena del Chimborazo (MICH), y de la CONAIE, porque sin organización no hay liberación.

Camilo Torres Restrepo. Preocupado desde su juventud por las profundas desigualdades sociales, la personalidad carismática de Camilo Torres Restrepo, la coherencia de su mensaje progresista y sus iniciativas en favor de las clases más desfavorecidas. Se sentía además inclinado por la acción social. Asistía además a cuantas conferencias se celebrasen y participaba en muchas reuniones de estudiantes latinoamericanos sobre los temas que le interesaban; para completar su ajetreada y apretada agenda, ocupó la vicerrectoría del Colegio Latinoamericano. En 1957, Camilo Torres se acercó de forma decisiva a problemas sociales bien complejos: los tugurios existentes en París, y muy particularmente los grupos de la resistencia argelina, le permitieron vislumbrar la realidad de un proceso de liberación nacional y el papel que le correspondía al intelectual en dicha lucha. Durante los tres años que Camilo Torres permaneció en la Universidad Nacional, su pensamiento experimentó una permanente evolución. El contacto con los problemas más candentes del país radicalizó progresivamente sus posturas. Entretanto, su pensamiento avanzó hacia posiciones revolucionarias. En 1962 planteó que los marxistas luchaban por la nueva sociedad y que, por lo tanto, los cristianos debían estar a su lado. En febrero 1965 lanzó la plataforma Frente Unido de Movimientos Populares, que propugnaba una reforma agraria radical y la nacionalización de la industria y de los productos del subsuelo.