El transhumanismo: breves notas 

Numa P. Maldonado A.

La humanidad, en su relativamente largo camino evolutivo, en estos últimos siglos, de manera particular en estas últimas décadas signadas por un desarrollismo inconsciente en favor de muy pocos, atraviesa por un período de transición a una Nueva Época, talvez la más revolucionaria de todas.  Y en esta etapa de inflexión, de incertidumbre y crisis (de crisis socio-ambiental-sanitaria y moral), y en términos del Conocimiento, de abordaje de la Complejidad, considerada una nueva visión de la Creatividad  humana que, como “energía”,  corresponde también a un abordaje más interdisciplinario que considera,  además de la tradicional participación de psicólogos y pedagogos, a la de físicos, biólogos, filósofos, antropólogos, sociólogos y ecólogos, entre otros profesionales; proceso que incluye también y de manera sobresaliente a la tecnología… Precisamente, bajo esta nueva realidad, emergen los conceptos y tendencias hacia el Transhumanismo y Poshumanismo.

El Transhumanismo (H+/ h+)  es “un movimiento cultural, intelectual y científico que afirma el deber moral de mejorar las capacidades físicas y cognitivas de la especie humana, y de aplicar al hombre las nuevas tecnologías, para que se pueda eliminar aspectos no deseados y no necesarios de la condición humana, como el sufrimiento, la enfermedad, el envejecimiento y hasta la condición mortal”. Nick Bostrom, uno de los mayores teóricos de este movimiento, afirma que el Transhumanismo representa una nueva concepción operativa del futuro del hombre: reúne a científicos y expertos en  inteligencia artificial, neurología, nanotecnología, biotecnología aplicada y a filósofos y hombres de cultura, con el mismo fin: cambiar, mejorar la naturaleza humana y prolongar su existencia. Por lo tanto, como movimiento y tendencia futurista (asoma con mayor claridad hace unas tres décadas) tiene cabida en la estructura académica de varias universidades del mundo, p.ej.  Future of Humanite Institute (FHI), de la Universidad de Oxford o el  Instituto de Extrapolítica y Transhumanismo (IET) de la Universidad de Lima). Y , por cierto, tiene seguidores y detractores. 

Muchos de sus productos, que podríamos asimilar a las primeras etapas de la tendencia transhumanista, circulan ya en los mercados del mundo y el país , como bebidas “energizantes” o fármacos especiales que permiten a los atletas superar récords olímpicos… O están presentes, con una complejidad mayor y  controversial, en otros campos como la eugenética liberal,  que permite la elección de embriones sanos y la eliminación de personas con patologías graves; la nanotecnología molecular que, al introducir microchips en diversas partes del cuerpo, pretende potenciar las distintas capacidades, especialmente las cerebrales (esta situación sustenta  el rechazo de la vacuna contra el covit-19 de miles de personas, que dudan de la intensión moral de las farmacéuticas que las producen); fármacos para el control del bienestar emocional (los antidepresivos) y las “píldoras de la personalidad”, por podrían actuar para superar la timidez, o mejorar la capacidad creativa o emocional… Y en esa línea de utopía y ciencia ficción,  además de prolongar la esperanza de vida, superar la frontera de la muerte a través de la crioconservación y la creación  de los  “cyborg” (cybernetics organism), una “entidad” en parte orgánica y en parte mecánica, ¿ humana o máquina? y, crear una nueva especie: la del Homo excelsior/Homo tecnologicus

Algo, producto de una fe ciega en el progreso científico, que suscita perplejidad, escepticismo y miedo.