Goles con valores

Numa P. Maldonado A.

En días pasados, en el Programa de TV Pública, Fanático (18-19 horas), tuve la suerte de ver la entrevista a Julián Mora, fundador de “Goles con Valores”. Entidad social con fines nobles y  loables: premiar al mejor jugador de un  partido de fútbol de la categoría “A” del campeonato nacional, no precisamente por su rendimiento técnico o su eficacia como jugador, sino por el comportamiento en la cancha: juego limpio no violento, respeto a las normas establecidas, a sus compañeros de equipo, sus contrincantes, los árbitros, el público, a sí mismo… Y, en un acto simbólico, después del cotejo, indiferente si su equipo ganó, empató o perdió, entregarle al elegido el reconocimiento: una Tarjeta Blanca a través de un niño a niña de las divisiones inferiores de futbol… En base al veredicto de un Tribunal Ciudadano apolítico idóneo.

Algo, al parecer sencillo pero con enorme proyección formativa ética y moral, no sólo para los deportistas del fútbol o del deporte en general, sino para todo el Sistema Deportivo Nacional  (financiadores, dirigentes,  técnicos, familiares de jugadores, medios  de comunicación, hinchas, aficionados…) y, a través de él,  para el resto de profesionales y sociedad.  Porque el fútbol, como ningún otro deporte masivo, es el que tiene más adeptos en el mundo de hoy (de ahí que Havelage, el ex presidente brasileño de la FIFA (1974-1998),  sostuvo, en un momento de egolatrismo fatuo  pero no exento de verdad,  que era más poderoso que el Papa – Havelage globalizó el futbol- , confundiendo seguidores del futbol con creyentes católicos).   

Iniciativas como la de Julián Mora y su importante grupo de apoyo no sólo deben felicitarse sino asimilarse y seguir su ejemplo. Replicarse más allá de Quito o Guayaquil y no sólo en los equipos más importantes de fútbol sino en, ojalá, en todas las divisiones inferiores y en otros deportes. De manera que, empezando por el fútbol y el deporte en general como actividad sana, cubra poco a poco otras actividades y otras instituciones… hasta llegar a las que más necesitan cambiar (justicia, seguridad y aduana)  sin descuidar, desde luego, las entidades e instituciones por excelencia formativas, como son las educativas en general.

En este orden de ideas o sugerencias, me gustaría, por ejemplo, que la simbólica Tarjeta Blanca del fútbol, debidamente orientada y adaptada a cada caso, se entregara a los mejores educadores de escuelas, colegios y universidades, y a los mejores servidores públicos de los GAD y de otras dependencias públicas y privadas, pero empezando por la cabeza (el liderazgo nacional): el círculo cercano al poder ejecutivo y todo el poder legislativo y judicial, que es desde donde emana el ejemplo.

A lo mejor esta sugerencia pueden parecer utópica (desde luego no es fácil de alcanzar, por estar sujeta a un proceso impulsado por voluntad política honrada y firme). Pero constituye una idea nueva inspirada en la magnífica iniciativa de Julián Mora: premiar el buen comportamiento de las personas y, de paso, iniciar un proceso efectivo de mitigación de la violencia en todas las canchas del país. Es un importante cambio de esquema: en vez de castigar a pocos delincuentes, escudo protector de los grandes corruptos impunes, frecuente, irrisoria y cínicamente destinados a recibir los reconocimientos en una sociedad sin valores como la nuestra, empezar a premiar a quienes realmente lo merecen y guían nuestra conducta.