El fútbol es alegría y encuentro

Juan Luna

En medio de la complejidad que el mundo nos ofrece: guerras, muerte, migración forzada, hambruna, deforestación, cambio climático, corrupción, violencia social, injusticias en todo nivel y ámbito, envidias, ajustes de cuentas, odios y un sinnúmero de realidades que a momentos duelen, desmotivan y nos invaden nuestra autoestima… pero cada cuatro años, durante un mes, ese mismo mundo dedica mayor atención a un balón y 22 jugadores que, en una cancha, compiten por la copa que reconoce a un país como el mejor en fútbol.  Como ecuatorianos, aguardábamos las ilusiones de años anteriores, de que nuestra selección logre un buen desempeño superior a anteriores clasificaciones, al final, sin embargo, el sueño y la ilusión se mantiene para el próximo evento.

Han transcurrido dos semanas de este torneo mundial algunas tradiciones y muchos pronósticos mundialistas rompieron el esquema de los tradicionales favoritos, así, Ecuador ganó el partido inaugural, convirtiéndose en la primera selección en vencer al equipo anfitrión demostró categoría futbolística, garra frente a países bajos, no pudo ante Senegal y, luego de tanta ilusión, regresa a casa conquistando 4 puntos, similar al mundial del 2014. Terminada ya la primera etapa, Argentina nos deja dudas, antes que certezas, la favorita Alemania queda eliminada, Brasil es la esperanza Latinoamérica.

De esta edición mundialista, a parte del derroche de dinero de propios y extraños, Ecuador generó muy buenas expectativas, en especial por la mayoritaria plantilla joven que despliega coraje, valentía y buen fútbol en equipos internacionales, ilusionó, elevó la autoestima y en un momento nos hizo soñar con llegar al cielo, más, sin embargo, la ilusión se convirtió en desilusión para la mayoría, mi actitud aguarda en la jóvenes generaciones de la selección y trato de inspirar en nuestro país, fuerza y valentía para seguir avanzando cada cuatro años, en lo que a fútbol me refiero.

La cotidianidad y ritmos de la sociedad están alterados. Estar pendiente de los horarios y resultados de los diferentes partidos, vestir “la piel del país”, que se resume en atuendos y parafernalia coloridos, hacer cuentas matemáticas de puntos, goles y errores que llevan a pronósticos que se alientan o derrumban luego del pitazo final. El mediatismo de la vida en la que nos pone el mundial es abismal, olvidan la motivación a ser mejores, el compartir de las familias, la unidad que como país vivimos y que debe trascender en la historia.

El mundial y los equipos que se citan, luego de un proceso selectivo entre continentes son un buen ejemplo, aplicable en diferentes ámbitos como: la sociedad, la política, la educación, la salud, la empresa, la misma familia, entre otros. La organización, solidaridad y compartir permiten funcionar al equipo, todos cumplen una función; el director técnico con experiencia y liderazgo guía al equipo, los jugadores juegan y nos hacen soñar a sus hinchas. 

En definitiva, no se puede negar que el fútbol copa buena parte de la atención mundial, como un distractor, pero a la vez como un momento de respiro y cambio de aire, cambio de atención y preocupación, para oxigenar la mentalidad y retomar fuerzas que nos motiven y permitan trabajar para convertir nuestros sueños y esperanzas de paz y justicia en realidades, como dice el Papa Francisco: “El fútbol es un juego de equipo, ¡no se puede divertir solo! (…) Jugar te hace feliz porque puedes expresar tu libertad, compites de una manera divertida, vives un tiempo en lo libre simplemente porque te gusta, persigues un sueño sin ser necesariamente un campeón”.