Derechos Humanos versus corrupción

Sandra Beatriz Ludeña

En el Día Internacional de los Derechos Humanos que se conmemora cada 10 de diciembre es necesario reflexionar acerca de un ejercicio pleno de derechos.  Pues, si lo pensamos bien, en tiempos como los que corren, no podremos recordar una sola semana en la que hayamos sido completamente felices, porque la realización de la plenitud es paz, y eso existe en un mundo respetuoso de los Derechos Humanos; ese es, me parece, el propósito de esta fecha.

Pero, mientras la corrupción campea, ¿cómo se supone que los Derechos Humanos pueden respetarse? Esta reflexión quiere romper una dicotomía que no siempre es visible, se habla de Derechos Humanos siempre que estos fueron vulnerados por la corrupción.

Sin embargo, la opinión pública cree que se trata de un eufemismo que solapa actos oscuros, es decir, asocia los derechos con su oponente. Así, el fastidio de la sociedad es evidente y no hace falta tener grandes habilidades intelectuales, para saber que la mala hierba se extiende a sus anchas, y la persistencia es más que las razones.

En Ecuador la Corte Constitucional reclama políticas públicas y normativas adecuadas para combatir los actos ilícitos y enfatiza que todos debemos trabajar por un país libre de corrupción. No obstante, en días como el que honramos, que resalta la necesidad de un mundo respetuoso de los derechos de humanos y próximos, la institución que ejerce el nivel más alto en justicia en el país, evidencia sus dictámenes y sentencias que promueven la protección de los derechos fundamentales reconocidos en la Carta Magna y en los instrumentos internacionales, para que se viva en paz.  Pero, esto no es suficiente.

Sabemos que siempre que haya intereses de cualquier índole, sean políticos, económicos, ideológicos, se puede polarizar a la sociedad, induciéndola a que tome partido por causas antagónicas.  En ese escenario de las cosas, los instigadores, expertos en poner a pelear la gente, dividen la población y colocan los actos ilícitos disfrazados de cualquier buena causa contra la vulneración de derechos disfrazada de cualquier mala causa.

En mi opinión, la dicotomía: derechos/corrupción no solamente obedece a ese tipo de engaños, sino a un hastío de las personas que no confían ya en la justicia. Pensar en reclamar Derechos Humanos es una última esperanza, cuando se sabe que la corrupción ha ganado, pero, muchos la ven realizarse en el horizonte de las instancias internacionales. 

Incluso así, en este entorno cada día la convivencia de los diferentes, emigrantes, refugiados, pobres, indigentes, perseguidos políticos, y más víctimas, esperan que la gente comprenda y rompa esa idea, entendiendo que los Derechos Humanos siempre son versus corrupción.