¡Feliz Navidad!

Juan Luna Rengel.

¡Feliz Navidad! Es la mágica palabra que resuena durante el mes de diciembre. Palabras que llenan de sentido a los valores de esta fiesta religiosa y espiritual cuyos valores esenciales se expresan en el fortalecimiento de la fe, la alegría, la solidaridad y generosidad que nos hace repensar nuestro ser de personas y de la profesión de un cristianismo distanciado de la pobreza e inocencia de un niño que no tuvo lugar para su posada, y que nació en un establo.

Esta historia de sencillez y humildad, en la que el todopoderoso, asume la condición de siervo, se visibiliza en los templos, hogares, calles, barrios e instituciones donde se confecciona un pesebre y se coloca las imágenes representativas, cuyo inspirador fue el gran santo de Asís, el verdadero hermano menor, Francisco, quien ya en su enfermedad y próximo a su muerte, en el pueblo de Greccio, un diciembre de 1223 realiza la primera representación del Nacimiento que fue en una cueva donde colocó una pesebrera llena de heno y alrededor también acomodó un asno y un buey.

Con el advenimiento y encuentro de dos culturas la indoamericana y la euro-española, América Latina ve prevalecer la profesión católica y desde el siglo XVIII, previo al Navidad se desarrolla una Novena en honor al niño Jesús, tradición arraigada en la familia y en los templos católicos donde se vive un encuentro fraterno de familiares, amigos y vecinos para compartir la fe, reflexionar sobre la venida del Salvador, cantar villancicos y luego un modesto ágape fraterno.

En el mundo, desde varias semanas antes del 25 de diciembre, la alegría de la Navidad y el típico saludo se vive entre el jolgorio y añoranza. Las casas se llenan de coloridas luces, le gente cambia su vestimenta, en las escuelas y colegios se realizan varios actos dedicados a la celebración de la Nochebuena y con campañas de solidaridad institucional van en busca de lugares olvidados y alejados para compartir y alegrar los corazones de niños, niñas y adultos.

Es momento de saludarnos y abrazarnos y que la Feliz Navidad superficial, surrealista del mercadeo que pretende remplazar lo esencial, se distancie de nuestras vidas y retomemos la fidelidad y coherencia de San José, la humildad y obediencia de la Virgen María, la ofrenda generosa de los reyes magos y la alegría de los pastores nos lleve a proclamar, junto con los ángeles: “!Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el señor”.

¡Feliz Navidad¡ que, el sentido de nuestra vida y profesión de fe desborde gratitud por la vida, el trabajo, la familia, por la amistad y que el gran regalo para esta Navidad sea que todos y cada uno, trabajemos mancomunadamente por la honestidad, la transparencia, la administración eficiente de los fondos y bienes públicos, y, como dice el Papa Francisco en su mensaje 2022 “redescubramos a través del pesebre la sorpresa y el asombro de la pequeñez, la pequeñez de Dios, que se hace pequeño, que no nace en el esplendor de las apariencias, sino en la pobreza de un establo. Y para encontrarse con Él hay que llegar allí, donde Él está; hay que rebajarse, hay que hacerse pequeño, dejar atrás toda vanidad, para llegar donde Él está.