Navidad, pendón de la fe por un futuro mejor

Campos Ortega Romero

La fiesta de Navidad, nos recuerda que año a año, recorremos la misma vía de la angustia, el cansancio y el hastío, para suerte de los comerciantes y para desagracia del resto de la comunidad. Lo cierto es que la fiesta de Navidad cada vez se vuelve más y más vana “plástica” como dicen las nuevas generaciones y por ende, los regalos aumentan en número y en precio, olvidándonos del real significado que representa la celebración de la venida de Cristo al mundo y por lo tanto deberíamos celebrarla de una forma espiritual, menos materialista.

Hay que celebrar la Navidad a pesar de que en muchos hogares reina la pobreza económica en unos casos y la del espíritu y aridez de corazón en otros, es la Nochebuena, Noche de Paz la mejor excusa para olvidarse “al menos por un momento” de la tristeza, el desencanto, el dolor, la angustia y la desesperanza que invaden el alma.

La celebración de la Navidad debería constituir algo muy especial. Donde no sean los villancicos, ni el árbol lleno de luces, ni el pavo relleno, ni los hermosos paquetes de regalo lo básico para su conmemoración. Glorificar la Navidad es mucho más que eso, significa revivir aquel sentimiento de hermanarnos en la paz, amor, solidaridad y perdón, para superar la sensación de carencia porque el perdón abre un mundo de posibilidades para satisfacer las necesidades de los seres humanos que constituimos el pueblo lojano.

 Hay que celebrar la Navidad, pese a todas las tinieblas a las que nos han sometido, a los males que nos agobian, a los diarios escándalos que nos han llevado de la sorpresa a la ira y de ésta a la decepción, de la terrible agresividad que todo esto genera, del pesimismo e inestabilidad que se han vuelto compañeros inseparables de la gran mayoría de la población, de las grandes diferencias, de las injusticias, en fin, de todo aquello que es impedimento de primer orden para la satisfacción y peor aún para el festejo, hay que celebrar la Navidad.

  Hay que celebrar la Navidad porque se hace imperativo elevar el pendón de la fe en la promesa de un futuro mejor, a pesar de que el panorama luzca más negro que las noches de los apagones. Hay que celebrar la Navidad porque a pesar de la violencia reinante, nos trae un mensaje de paz y amor, que con un poco de esfuerzo colectivo, puede llegar a convencernos de que es el momento propicio para olvidarnos de rencores y buscar una reconciliación con nosotros mismos y con los demás. 

En verdad, existen muchas razones para celebrar la fiesta de la Navidad aunque nos encontremos desmotivados, preocupados o simplemente hastiados de la sociedad de consumo que se refleja en tanto anuncio comercial publicitario que nos recuerda a cada instante que tenemos que celebrar la Navidad con el objeto de poder vender todo tipo de mercaderías.

La Navidad nos recuerda, que para proclamarla, es suficiente con tener un corazón generoso, limpio de amargura y resentimiento; es suficiente con perdonar a quienes nos han herido, es bastante con acordarnos de quienes nos necesitan, que es imperioso encontrar la paz espiritual que tanta falta nos hace, que es vital obrar y orar por aquellos que sufren de hambre, frío, enfermedad, maltrato, humillación, privación de su libertad.

La celebración de la Navidad, debería constituir una motivación de convocatoria a la unión familiar, al encuentro fraternal, para limar asperezas, para recapacitar sobre las acciones que día a día nos convierten en seres positivos o negativos en el convivir social. No podemos darnos el lujo de tener una Navidad común y corriente, como la de años anteriores, con despilfarros y desmanes, con una deliberada ostentación de riqueza y abundancia, sin espiritualidad alguna.

Por ello elevamos nuestras  oraciones de manos juntas, para que las pasiones negativas sean absolutamente desconocidas y los intereses mezquinos sean objetos de archivo, para pedir perdón a las personas y a los pueblos masacrados por el hambre, y la epidemia de la guerra. Perdón a la juventud, violín hecho de niebla en las auroras, perdón a los que se adelantaron poblándonos de cruces la esperanza. No te olvides señor de aquellos niños, que trafican su esperanza en las veredas, de los niños mendigos no te olvides, tienen sangre en su nostalgia y en sus venas. No te olvides en fin de ningún niño, porque todos en el cosmos son estrellas, porque todos son el himno de la vida y la vida en su retina es siempre buena. Perdón a nuestros sentimientos de desearles a todos ustedes amables lectores, una feliz Nochebuena, Noche de Paz. Así sea.